La despedida

La despedida La despedida

“Decir adiós es mirar atrás, volver la vista, y ver que tú no estás”.

Llegaron a nuestra vida y se instalaron en ella. Los cuidamos, queremos, acariciamos, jugamos con ellos… los consideramos una parte importante de nuestra familia, y ellos, a cambio, comparten su vida con nosotros, de forma íntima y natural, jugando, ronroneando, pidiendo caricias y disfrutando de la vida a nuestro lado. Y, un día, de repente, los miras y te das cuenta de que han pasado los años y de que nuestro compañero ha dejado de ser el cachorrín juguetón que creíamos, y nos percatamos de que sus movimientos ya no son tan gráciles, los saltos no son tan altos, su apetito no es tan voraz y su curiosidad se ha apagado levemente. Y nos entra el pánico, nuestro gato es anciano y empezamos a pensar en el momento en el que tengamos que despedirnos de él. Es importante estar preparados para este momento, ello no significa que tengamos que estar pensando en su muerte toda su vida, pero sí el ser consientes de que su ciclo vital es más corto que el nuestro, y que tarde o temprano llegaremos a este punto.

Como vivir la marcha de tu compañero.

Se ha ido, ya no está a tu lado, aunque a ti te parece ver su carita agazapada detrás de cada puerta. Sigues escuchando sus maullidos y ronroneos, y acudes a su llamada sin darte cuenta de que ya no es posible. Comienzas a recoger todos sus juguetes, el comedero, la camita… y sientes un pinchacito en la boca del estómago y algo en el pecho, raro, como una opresión. No lo dudes, es dolor, es el sentimiento de una pérdida en toda regla. Se sabe que las personas que pierden a un animal con el que han convivido sienten el mismo dolor que cuando se pierde a un amigo humano, sin diferencias.  Hemos despedido a un compañero de vida, con todo lo que ello conlleva, los horarios, las costumbres, esas pequeñas cosas del día a día… toda una rutina que cambia de un día para otro y que aumenta, si cabe, el sentimiento de pérdida. Se cierra una etapa de nuestra vida y desconocemos cómo será la que comience a partir del momento de la marcha del gato.

Al dolor que sentimos hemos de sumar la incomprensión social. Cuando un humano se va, la sociedad pone en marcha todo un ritual de despedida que confiere dignidad al momento, lo que en cierta medida ayuda al consuelo. Amigos y familiares se vuelcan en el dolor de la persona que ha quedado sola, llamadas, cartas de pésame, visitas, todo ello contribuye a que la persona en duelo sienta el cariño que profesaban al ser querido y, finalmente, a sentir el calor humano arropándolo. Sin embargo cuando el que se va es un animal, la persona que sufre la pérdida siente que la gente que le rodea no entiende su dolor y tiende a aislarse, lo que aumenta la sensación de ausencia. En teoría la marcha de un felino no debe trastocar el trascurrir de los días, y el humano al que le falta no puede ni debe cambiar su forma de enfrentarse a ellos, aunque no seamos capaces de conseguirlo, lo que, por otra parte, aumenta nuestra desazón. Para poder superar el momento lo mejor es buscar la forma de honrar a nuestro compañero, encontrar el ritual más acertado para despedirle y así “oficializar” de alguna manera su marcha. A partir de ahí el ritmo de superación dependerá de cada persona. En estos momentos nos asaltarán dudas sobre lo acertado de nuestro comportamiento con él en vida, sobre la elección veterinaria, nos sentiremos culpables, culparemos al veterinario por no haber sido capaz de salvar a nuestro gato, pensaremos una y otra vez en él y  necesitaremos sacar de nuestro interior todas esas emociones que nos están impidiendo avanzar hacia delante y superar la perdida de nuestro minino. Encontrar un hombro en el que apoyarse, que te escuche en silencio y te comprenda, que entienda por lo que estás pasando es, sin lugar a dudas, la mejor opción. Seguramente aquella persona que menos te esperabas, la que jamás demostró demasiado interés por vuestra relación, es el alma más sensible a tu dolor, y hablando con él de tu gato sentirás, no solo alivio, sino orgullo de que, aun después de muerto, siga haciendo proezas como la de acercarte a gente a la que de otra forma nunca hubieras acudido.

Y así, poco a poco, el recuerdo de los momentos vividos con tu gato dejará de ser doloroso, y te arrancara una sonrisa cada vez que pienses en él. Podrás disfrutar de tu gato sin necesidad de verlo, porque revivirás todos los buenos momentos que te dio y lo sentirás a tu lado como cuando se cruzaba entre tus pies al caminar haciéndote casi caer.

La eutanasia.

Este siempre es un tema delicado, es, sin lugar a dudas, la decisión más difícil que ha de tomar un humano respecto a su gato.

Acabamos de conocer la noticia de la inevitable pérdida de nuestro compañero. Sabemos que en un breve espacio de tiempo su cuerpo se debilitará y habremos de dejarle marchar de nuestro lado. Apreciamos lo suficiente a nuestro gato como para tener claro que no queremos verle sufrir, pero ¿Cómo saber que es la decisión correcta y cuándo es el momento de dar el paso definitivo? Ante una posible eutanasia siempre hay dos preguntas que debemos plantear:

En primer lugar hemos de realizar un ejercicio de sinceridad y responder honestamente a una cuestión vital ¿realizamos el proceso para no ver sufrir a nuestro amigo o para no sufrir nosotros al verle enfermo? A veces los humanos tendemos a adelantar los acontecimientos y a despedirnos de nuestro compañero en cuanto conocemos la noticia, sin querer vivir el proceso de la enfermedad ni siquiera en las primeras etapas, llevaderas para ambos.  Precipitarnos movidos por el dolor del momento puede hacer que en el futuro nos cueste superar la marcha del gato, ya que nos asaltará de forma habitual la duda de lo que habría podido suceder. Es muy importante tener muy claro que se hace lo correcto en el momento adecuado, ello nos ayudará de forma increíble a superar su marcha, ya que estaremos seguros de que nuestro gato ha vivido plenamente hasta el final de sus días.

Y es en este momento cuando debemos plantear la segunda cuestión, esta vez a nuestro gato. Es su vida, tiene derecho a decidir sobre su final. Cuando tengamos que tomar esta decisión es importante estar  en su compañía, sin apartarlo, sentarnos junto a él, abrazarle y decirle que le queremos, que nuestra vida a su lado ha sido maravillosa, que vamos a echarle mucho de menos pero que somos conscientes de que su tiempo con nosotros se ha cumplido y que tenemos que dejarle marchar. Hemos de decirle con cariño que aunque vamos a estar tristes, como no, seremos capaces de seguir adelante con su recuerdo y que aun sin su compañía física estaremos bien. Por increíble que parezca cuando miremos la cara de nuestro gato él habrá sabido decirnos si está de acuerdo o no con la decisión tomada, sabrá decirnos que está preparado para marchar y sentiremos orgullo, porque aún en momentos duros como este nuestro gato sigue siendo capaz de trasmitirnos su apoyo en la dura decisión.

Y una vez decidido que es la mejor opción hemos de prepararnos para ella. En este momento la actitud del profesional veterinario es muy importante. El buen profesional nos explicará en qué consiste el proceso, solventará cualquier duda que pueda surgirnos y calmara, de alguna forma, parte de nuestro dolor. Debemos contar con el tiempo y el espacio necesarios para la despedida, es un momento muy importante y no debe hacerse ni con prisas ni con nervios. Aun cuando pensemos que nuestro gato no puede darse cuenta de lo que sucede en el entorno no debemos dejarle solo, si es posible le acompañaremos hasta el final, juntos, como hemos vivido, codo con codo. Le hablaremos y nos despediremos con calma, sin nervios, no dudemos que incluso ahora son capaces de sentir nuestras emociones. Así, con una despedida dulce y tranquila, en el mejor entorno posible, y el momento acertado, el duelo por la marcha de nuestro amigo será mucho más llevadero.

Tener otro gato o no tenerlo

Muchas personas deciden no volver a compartir su vida con ningún animal, solo por el hecho de no tener que volver a vivir momentos tan duros como los sufridos.  Algunos sienten que encontrar otro ejemplar al que querer y mimar es una especie de traición a la memoria de su adorado gato.  Otros sienten que la experiencia de la convivencia con su gato ha sido tan reconfortante que, en honor a los buenos momentos que su minino le dio, quieren ofrecer su vida a otro ejemplar. Es una decisión muy personal, pero sea cual sea ha de ser meditada y consensuada. Tenemos que tener claro que el animal que llegue a nuestra casa no es en ningún momento el sustituto de nuestro amigo fallecido. Nuestro nuevo compañero tiene derecho a su propia identidad y compararlo constantemente con el amigo perdido no solo será totalmente injusto para el nuevo animal, sino que impedirá que la herida de la marcha cierre definitivamente.

 

No se puede establecer un tiempo de espera estándar, cada persona es diferente, qué duda cabe,  lo que si podemos decir es que el momento de entrada de otro animal será únicamente cuando tengamos muy claro que somos capaces de diferenciar a ambos animales. Cuando al mirar a nuestro nuevo amigo no veamos la carita dulce del que se fue, cuando los maullidos de uno no sean confundidos con los del otro, cuando tengamos claro que vamos a llamarlo por su nombre … entonces estaremos preparados para recibir otro minino al que adorar. Y volveremos a disfrutar de su compañía y con los años viviremos otro duelo, pero cada gato que pasa por nuestra vida nos habrá dejado una huella imborrable que nos enriquece y nos hace ser mejores.

Last modified on Thursday, 31 October 2013 10:08
María Jesús Sánchez González

María Jesús Sánchez González es terapeuta felina en Valladolid. Aborda casos de problemas de comportamiento con flores de Bach.

Website: www.comportamientofelino.es

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Comportamiento Felino es una iniciativa de María Jesús Sánchez González.