María Jesús Sánchez González

María Jesús Sánchez González

María Jesús Sánchez González es terapeuta felina en Valladolid. Aborda casos de problemas de comportamiento con flores de Bach.

Cartujo

Sunday, 14 September 2014 10:26

Información General

Clasificación FIFE

Categoría III: Pelo corto y somalí

Origen

Francia

Tipo

Medio a grande

Pelaje

Manto

Capa externa corta y sedosa. Capa interna con lanilla.

 

Capa

Azul con tonalidades

Carácter

Independiente, cariñoso, reservado poco activo

Esperanza de vida

De 8 a 16 años de media

Cuidados

Cuidados del pelaje

Cepillado para eliminar la lanilla

 

Alimentación

Alimento seco equilibrado

Cuidados específicos

Control de la cera de los oídos

Enfermedades

Obesidad, otitis, luxación de rótula

Historia

Como es habitual en lo referente a la historia de las razas felinas, los orígenes del Cartujo o Chartreux no están del todo claros. Ello nos lleva a poder encontrar varias versiones diferentes sobre los primeros gatos de esta raza. Sin embargo, todas coinciden en localizar al gato cartujo en  Francia desde hace cientos de años, y nos hablan del cartujo como una de las razas más antiguas en estado natural.

Una de las teorías sitúa su origen en Siria, donde viviría en las zonas montañosas de Turquía e Irán. Desde allí fueron introducidos en Francia por los comerciantes turcos, que los transportaron en sus barcos en la época de las Cruzadas.

Otra teoría, la más popular y la que da origen al nombre de la raza, es la que nos habla de su presencia en un monasterio cartujo localizado en Grenoble, denominado “Le Grande Chartreuse”, famoso por la elaboración del licor del mismo nombre, y al que llegó gracias a los Templarios que volvían de las cruzadas por los mismos caminos que los comerciantes turcos. Como sabemos los monasterios eran lugares donde se llevaba a cabo la gran tarea de elaboración y conservación de manuscritos, libros e incunables de gran valor ya por entonces, y que hacía imprescindible la presencia de controladores naturales de los roedores amantes del papel.  La expansión de la peste bubónica contribuyó también a la necesidad de convivir con felinos. Cuenta la leyenda que este gato, acostumbrado a convivir con monjes, poco a poco fue tomando sus costumbres, y por ello es uno de los felinos más silenciosos, como los humanos con los que convivía.

Existe una tercera teoría, que hoy se conoce como la más acertada y real, nos dice que el gato cartujo, aunque proveniente de Francia, debe su nombre a la calidad de su piel, densa, lanosa e impermeable, lo que llevó, en el s XVIII, a compararla con la lana española denominada “pila de cartujos”. Lo cierto, es que el uso de la piel del cartujo en peletería desde el s XVI casi provocó su extinción en el siglo pasado.

La raza sobrevivió de forma silvestre durante siglos, hasta que en el s XX fue ya adoptado como animal de compañía. En 1925 comenzaron los primeros pasos para la selección y cría de esta raza y ya en la década de los 30 las hermanas Leger comenzaron a crear una colonia en la isla de Belle-Ile-en-Mer, cerca de la costa de Bretaña a partir de los gatos callejeros que los precedieron. En 1939 se definió su estándar

Como sucedió con muchas razas de gatos, la Segunda Guerra Mundial mermó considerablemente la población de Cartujos, por lo que en los años sesenta del sXX se concedió permiso para hibridarlos con ejemplares de British azul. Ello hizo que se generaran dudas sobre ambas razas y que la FIFe decidiera unificarlas en una sola. Sin embargo surgieron movimientos en contra que lucharon por mantener la personalidad de ambas líneas y en 1977 se comenzó a separar las dos razas y a conseguir recuperar las características propias de cada una.  Los cruces se mantuvieron hasta 1989, en el que quedó prohibida de forma definitiva el mestizaje de ambas razas.

Descripción

El cartujo es una raza de tamaño medio-grande, con un aspecto poderoso y robusto. Muy musculado y con una imponente cabeza de grandes y musculosas mejillas. Su desarrollo es bastante lento, llegando a tardar tres años en presentar su aspecto definitivo. También presenta un marcado dimorfismo sexual, siendo el macho bastante más grande y con un pecho mucho más robusto que la hembra. A pesar de su aspecto grande y aparentemente pesado, posee una gran agilidad y belleza.

Como hemos dicho ya, la cabeza es grande y ancha, con forma  de trapecio invertido, redondeada y plana en el espacio de las orejas. Estas se encuentran insertadas en lo alto de la cabeza, son de tamaño medio y ligeramente acampanadas. Los ojos, manteniendo las proporciones del resto de gato, son grandes y redondeados, se encuentran colocados ligeramente oblicuos y su color es siempre amarillo, dorado o cobre. Estos colores son lo que le diferencia de otras razas del mismo color, como son el azul ruso o el gato Korat.  La nariz es ancha y recta y su trufa es de color gris grafito. Las mejillas del cartujo son bajas y grandes, lo que aumenta la sensación de potencia en el aspecto general del cartujo. Se dice que el cartujo es la sonrisa de Francia, ya que parece que se encuentre sonriendo de forma constante. Ello se debe al gran desarrollo de las almohadillas donde se insertan los bigotes.

Sus extremidades son proporcionalmente cortas y delgadas teniendo en cuenta el tamaño del cuerpo, muy musculadas y de fuerte osamenta. Sus pies son redondeados y grandes, aunque poseen una almohadillas extrañamente pequeñas para el tamaño de la pata y están coloreadas de un hermoso tono azul-gris. La cola es de longitud media, ancha en la base y fina y redondeada en la punta.

Su manto es corto, denso y prieto. Con abundante lanilla que le otorga un aspecto afelpado y suave. Se encuentra totalmente separado del cuerpo y es completamente impermeable al agua y aislante del frio, lo que permite al animal conservar el calor corporal con facilidad. Ya hemos dicho que esta calidad del manto hizo que el gato cartujo fuese utilizado en peletería para sustituir a la piel de nutria en los uniformes militares.

El color es siempre azul, aunque existen variaciones permitidas que oscilan entre el color ceniza y el plateado. Los más valorados son los plateados brillantes .

Los cachorros presentan dibujos atigrados que desaparecerán a los seis meses de vida del gato, aproximadamente. La intensidad del tono de los ojos también disminuye según madura el ejemplar.

Carácter

El gato cartujo deja claro con su comportamiento sus orígenes franceses y monacales, silencioso, calmado y educado, mejorando con el tiempo y la edad. Su ritmo de vida se asemeja bastante al de sus compañeros silvestres, grandes y largas siestas combinados conbreves y duros juegos de caza. De hecho su tamaño y fuerza queda patente a la hora de divertirse, ya que se entrega en cuerpo y alma al acecho y derribo de lo que pudiese considerar una posible presa,  llegando a resultar un juego algo duro para sus compañeros, a los que ruge y acosa con furor y entrega. Aún así es un gato poco activo y tranquilo, que prefiere elegir un lugar fresco donde pasar la mayor parte de tiempo durmiendo, lo que le hace ideal para un humano de sus mismas características, tranquilo y sedentario.

Es un gato tímido con los extraños, pudiendo incluso parecer territorial con ellos,  sin embargo es  muy gato de sus humanos, disfruta de su compañía y de sus caricias y prefiere seguirle allá donde vayan a a quedarse solo en el cuarto. Es una raza muy sociable, por lo que es importante ofrecerle la oportunidad de compañía constante, bien humana o bien felina.

Es, en definitiva, un gato francés, educado, sibarita, que sabe en cada momento lo que quiere, que mantiene la calma pero que sabe responder adecuadamente si la ocasión lo requiere, y, al que los años no parecen afectar, muy al contrario, sino mejorar.

Cuidados especiales

Es una raza que no necesita demasiados cuidados, ya que sus muchos años de vida silvestre han devenido en una excelente salud y en un mantenimiento mínimo. Sin embargo su esperanza de vida no es excesivamente larga, ya que a partir de los 8 años comienza su periodo de riesgo, lo que, para un felino, es una edad muy baja. 

Si queremos buscar alguna pega al cartujo solo podremos decir que tiende a formar una excesiva cantidad de cera en sus orejas, bastante más que en otras razas, por lo que deberemos extremar el control de limpieza si queremos evitar infecciones u otros problemas más serios. Por lo demás, bastará con cepillados regulares, desparasitaciones y vacunaciones según el calendario estipulado.

El cartujo goza de un apetito voraz y poco exigente, lo que unido a su pasión por las largas siestas hace que el sobrepeso sea un riesgo constante. A la hora de alimentar a nuestro gato debemos tener muy en cuenta el momento de su vida en el que se encuentra. Ya hemos dicho que se trata de un animal de desarrollo lento, ya que tarda de dos a cuatro años en conseguir su aspecto definitivo, por ello durante esta etapa deberemos ofrecerle alimentos con un alto porcentaje proteico, que le ayuden a formar su fuerte musculatura. Una vez que ya ha conseguido su porte definitivo le suministraremos una comida de mantenimiento balanceada y que evite problemas de obesidad.

A la hora de reproducirse sus camadas no son excesivas, una media de dos cachorros por parto, que al nacer serán redonditos, fuertesy grandes saltarines, y dependerán de su madre durante un periodo de tiempo más largo de lo habitual en otras razas felinas. Su aspecto será bastante diferente al que presentarán con los años, ya que su manto será atigrado y sus ojos pasarán del azul-gris de las primeras semanas al amarillo o naranja a partir de los tres meses de edad, perdiendo intensidad a medida que pasan los años.

Asociada a la genética del cartujo se encuentra la posible luxación de rótula y displasia de cadera,  que, aunque no revisten demasiada gravedad, sí requerirán de intervenciónes quirúrgicas para su solución.

 

Pautas para socializar a un gato

Tuesday, 15 July 2014 09:20

La socialización de un gato va a depender de diferentes factores:

  • Componente genético del gato, que marcará el futuro carácter del gato.
  • La manipulación de la madre durante el periodo de gestación.
  • La estimulación recibida por el gato durante las semanas de impronta.
  • La edad de comienzo de la socialización.
  • El trabajo de socialización.

Con esto, lo que quiero recordar es que el resultado no solo va a depender de nuestra actitud. Un trabajo humano puede ser esmerado, pero si el animal posee un carácter tímido o ha vivido experiencias previas traumáticas es posible que lo conseguido sea menor de lo que nos gustaría. A veces debemos conformarnos con gatos que conviven con nosotros sin problemas, nos aceptan de buen grado, pero necesitan una distancia de seguridad amplia y no gustan de manipulaciones. Si es así, deberemos aceptar a nuestro gato como es y aprender a disfrutar de él.

 Pautas para socializar a un gato:

1.- Preparando el espacio:

El lugar donde vamos a instalar al nuevo inquilino ha de estar previamente preparado para su llegada. Personalmente no soy partidaria de dejar al gato toda la casa desde un primer momento. El gato, por naturaleza curioso, tiene la necesidad de investigar todo lo que le rodea moviéndose y buscando al azar lugares “con encanto”. Para un gato que acaba de llegar lo mejor es ofrecerle en un primer momento una zona restringida y, lentamente, ir ampliando su territorio. Si el gato además es cachorro debemos tener en cuenta la importancia de adaptar el territorio al tamaño del animal.

Requisitos del espacio:

Debemos buscar un lugar tranquilo y seguro. Es importante revisar que no posea grietas o huecos donde el animal pueda querer entrar y quedarse atascado dentro, lo que resultaría peligroso.

Lo mejor es que sea un espacio abierto, donde el gato tenga capacidad para huir si lo ve necesario sin sentirse acorralado, pero no lugares donde esconderse y desaparecer. Desaconsejo totalmente los baños. Son espacios pequeños, con peligros y demasiados rincones donde intentar meterse.

Por supuesto, el lugar donde vamos a tener al animal ha de estar provisto de todo lo necesario para cubrir sus necesidades. Comedero, agua a demanda, cajón de arena, rascador, una cama y, si es posible, dejar el trasportín abierto dentro del mismo espacio. Y no debemos olvidar la necesidad de ocio durante el tiempo que no le vayamos a dedicar atención personalizada.

2.- Como actuar ante el gato:

Suministrar alimento al gato para que se acerque es una buena forma de comenzar, pero no es suficiente. La comida ha de estar asociada a experiencias positivas para que el gato asocie nuestras manos con algo bueno, no únicamente como proveedoras de alimento. Debemos trabajar para conseguir esos buenos recuerdos asociados a nosotros. Y para ello debemos proveernos de tiempo, paciencia y grandes dosis de cariño.

Debemos mejorar la comunicación con nuestro minino y poder interpretarlo correctamente.  Para prevenir errores es importante observar cada cambio corporal del animal y conocer en todo momento aquello que nos está diciendo. Nada ocurre de repente ni porque sí, todo tiene un motivo justificado. Posiblemente nuestro gato nos lo esté diciendo, pero nosotros no seamos capaces de entenderlo. Debemos poner interés en mejorar la comunicación con él para conseguir llevar la socialización a buen final.

Acercarse al gato:

Cuando nos acerquemos a un gato poco confiado nunca lo debemos hacerlo de forma directa, ellos lo interpretan como una manifestación de agresividad por tu parte. Hay que hacerlo siempre dando un pequeño rodeo, en forma de semicírculo.

Mantendremos una distancia prudente. No debemos ser nosotros los que nos acerquemos al gato, que sea él el que, cuando esté dispuesto, acuda a nosotros.

Cuando hayamos llegado al límite de distancia nos sentaremos o, mejor, nos tumbaremos si podemos. De esta forma no te verá como algo amenazante y grande.

Ya en esa posición comenzaremos a hablar con el gato. Hay que hacerlo bajito, despacio y dulcemente. Se sabe que a los gatos les agradan más los tonos agudos, les da más confianza, por lo que podemos modular la voz para que le resulte agradable.

Si es posible, comenzaremos a hablar en su idioma. Tumbados y relajados comenzaremos por un leve maullido. Si, maullar, el maullido, si es relajante y tranquilo, le hará saber que no representamos ningún peligro. También podemos comenzar a trabajar con la mirada, hablando con los parpadeos. Mirando a tu gato a la cara, no a los ojos, y, comenzaremos a parpadear muy lentamente, retirando después la mirada a un lateral. Pronto veremos como el gato, cuando se relaje nos responderá de la misma forma. Es una señal de calma, una forma de decir, si estoy aquí, pero no soy un problema, solo estoy aquí contigo. Bostezaremos y, sin sentirnos ridículos, ronronearemos y comenzaremos un ritual de limpieza ante él. Todo ello le resultará familiar y le ayudará a tomar confianza.

Nunca debemos forzar  la situación, si al vernos se esconde, no vamos a acudir en su busca, sino que actuaremos con calma. Colocaremos comida cerca del gato, retrocederemos y recuperaremos tu postura no amenazante. Cuando el gato se acostumbre a vernos y comience a confiar en nosotros comerá sin problemas. Con el tiempo la distancia de seguridad entre nosotros y el gato se irá reduciendo. Es muy importante que sea el gato el que se acerque a nosotros y no al revés.

Una vez que se haya acostumbrado a nuestra mera presencia en el cuarto sin salir despavorido en busca de un rincón donde esconderse podemos comenzar a trabajar los contactos físicos.

Para conseguirlos lo primero que debemos hacer es dejar que se acostumbre a nuestro olor. Podemos acercar un objeto que nos pertenezca y que sea de pequeño tamaño. Unas gafas,  un sombrero o cualquier otro objeto que tenga nuestro olor y no resulte amenazante. Si usamos el brazo extendido simplemente es importante recordar que nunca debemos  levantar y estirar los dedos. Los gatos interpretan nuestros dedos estirados ante ellos como una demostración de agresividad y amenaza.

Lo mejor es fabricarse un instrumento que nos va a ser muy útil. Cogeremos un palo de cierta longitud y pondremos en uno de sus extremos un pañuelo enrollado que tenga nuestro olor e información. Se convertirá en  una prolongación de nosotros mismos hasta que se acostumbre, y lo usaremos cuando veamos que el gato come relajadamente en nuestra presencia. Podemos  acariciar con cuidado y lentamente la cabeza del gato con el extremo del palo, nunca la espalda o los costados. Al gato le gusta que le acaricien la cabeza, no la espalda, dejaremos esta zona para cuando la aceptación sea clara.  La reacción corporal del gato ante este contacto con nuestro olor nos dirá si está preparado o no para un contacto más directo. Si no retrocede será buena señal, si lo hace debemos dejarlo para más adelante.

Cuando consigamos que nuestro gato acepte el contacto será el momento de intentar la manipulación más directa. Las manipulaciones, siempre cuidadosas, han de realizarse en periodos de tiempo cortos pero frecuentes. La duración de estas sesiones irá siempre marcada por el gato. Cuando veamos que el gato se ha cansado de nuestra presencia, lo dejaremos  marchar inmediatamente. Podemos probar a  trabajar con manipulaciones relacionadas con el cuidado del gato, ya que éstas siempre van asociadas a la madre y si el gato ve que somos nosotros los  que le limpiamos y cepillamos nos verá como su segunda madre.

Es importante recordar que nunca debemos intentar capturar a un gato persiguiéndolo y acorralándolo. Hemos de ser muy cuidadoso a la hora de no traicionar su confianza, si lo hacemos habremos de volver a empezar y se perderá todo el trabajo. Además nos costará recuperar su confianza más que antes porque ya tendrá una experiencia negativa relacionada con nosotros. Es importante que nuestras manos sean sinónimo de cosas positivas. Cuando finalice una sesión no debemos olvidar recompensar al gato con un premio de su agrado.

Jugar con el gato:

Los gatos necesitan juegos para desarrollarse física y emocionalmente. Debemos crear una rutina diaria y seguirla. Los gatos necesitan sentir que tienen las cosas bajo control. La rutina ayudará a que se relaje y acepte mejor todos los cambios que está viviendo. Mientras que si siente que las cosas suceden de forma impredecible se sentirá en la necesidad de estar siempre alerta. 

Cada día acudiremos a verle, hablaremos con él, jugaremos y premiaremos sus avances, el objetivo es crear un vínculo en el que el gato nos vea como sinónimo de buenos ratos. Los juguetes del tipo plumas o cañas son los más aconsejables en un primer momento, ya que no requieren de un contacto físico con el gato y son muy divertidos para él. Cuando el gato nos acepta, pero aun no lleva bien el contacto físico con nosotros este tipo de juguetes nos permitirá mantener cierta distancia e interactuar a la vez. 

Cuando sintamos que el gato está relajado y tranquilo, y se acerca sin problemas debemos comenzar a exponer al animal a otros estímulos y a otras personas con el objetivo de que se acostumbre a un entorno más rico. Es importante que la gente sepa que se encuentra ante un animal especial y que debe comportarse de manera tranquila para no asustarlo. Dejaremos que el gato marque el ritmo, es importante enseñarle más personas o animales, pero no le obligaremos a nada, cuando se dé cuenta de que no son una amenaza y con la experiencia grata de su relación con nosotros, se atreverá a acercarse él solo.

¿Cuánto tiempo tardaremos en socializar a nuestro gato? Eso es algo que sólo ellos podrán decirnos. Como ya he dicho, tiempo, mucha paciencia y más cariño aún. Así es como conseguiremos que nuestro gato sea un animal feliz.

Y recuerda que el nivel de socialización del gato no tiene por qué responder siempre a nuestras expectativas, y que el ser un gato más tímido no lo convierte en peor gato.

 

 

Tras la Segunda Guerra Mundial, en los años 40 y 50, Estados Unidos y Rusia se hallaban inmersos en la carrera espacial. Unos y otros trabajaban intensamente para ser los primeros en conseguir que el hombre pisara la luna. No escatimaron medios, y en  estas investigaciones nacieron héroes silenciosos, cuyas vidas se pusieron en peligro y muchas veces se perdieron. Nos referimos a los seres vivos, desde moscas a primates, que fueron enviados al espacio exterior sin ser preguntados y que allanaron el camino al hombre en su aventura en el espacio.

En 1963 Francia no quiso ser menos y se unió a tan frenética carrera. El animal elegido en este caso fue un felino. Se trataba de un gato común europeo, blanco y negro, recogido de la calle y cuyo sexo no está del todo claro.  La documentación disponible no lo especifica bien, pero cuenta una leyenda que en un principio se iba a mandar a un macho llamado Félix, que, inteligentemente, logró escapar y fue sustituido por una hembra de la misma especie, a la que bautizaron como Felicette.

Sea cual fuese el sexo o el nombre de nuestro amigo felino, el caso es que éste se hizo al espacio el 18 de Octubre de 1963, a bordo del cohete sonda Veronique AGI Nº47. La cápsula fue capaz de alejarse 120 kilómetros de la superficie terrestre, desde donde descendió en paracaídas con un felino, suponemos que tremendamente asustado, pero, afortunadamente vivo.

Esta rápida aventura dio sus frutos, ya que los científicos pudieron recoger importantes datos sobre el comportamiento de un organismo lejos de la tierra. Ello gracias a la implantación previa de electrodos en el cerebro de nuestro gato/a. Estos datos  abrieron el apetito voraz de información a los expertos, ya que este éxito hizo que en sucesivas misiones se enviaran a explorar el espacio exterior a un número indeterminado de mininos, algunos de los cuales no lograron volver para contarlo en primera persona. Estos fracasos terminaron por convencer a los franceses de lo conveniente de dejar esa vía de investigación y en la actualidad Francia ha dejado a los gatos, donde tienen que estar, como mucho, a la altura de una copa de árbol.

El 20 de marzo de este mismo año 2014, la Agencia Espacial de Irán ha informado de  la posibilidad de que la biocápsula Pishgam-2 (Pionero-2) sea lanzada al espacio a lo largo de este año con un ser vivo en su interior,  dudan entre un ratón, un conejo o un gato. ¿Quién será el, tristemente, elegido?

El estrés es uno de los grandes males de nuestra era, y los animales no son ajenos a él. Es uno de los problemas más frecuentes e importantes que podemos ver en nuestros animales felinos. Frecuente, porque el gato es un animal tremendamente emocional que vive de forma especial los cambios de su entorno y reacciona activamente ante ellos. Importante, porque la mayoría de las veces los humanos que convivimos con ellos no somos capaces de darnos cuenta de la situación hasta que sus manifestaciones se convierten en un problema para nosotros, y hasta que llega ese momento nuestro gato lleva mucho tiempo sufriendo los estragos del estrés. Un equipo de veterinarios de la Universidad Estatal de Ohio realizó un estudio sobre como actúa el estrés en los gatos, en un reconocimiento de este mal como causa de muchos de los problemas de salud y de comportamiento de nuestro compañeros felinos. Podemos verlo publicado en la revista científica especializada Journal of the American Veterinary Medical Association. Conocer qué es, como reconocerlo, prevenirlo y, llegado el momento, tratarlo va a mejorar la calidad de vida de nuestros compañeros.

¿Qué es el estrés?

Definición de estrés:

“El estrés (del inglés stress, ‘tensión’) es una reacción fisiológica del organismo en el que entran en juego diversos mecanismos de defensa para afrontar una situación que se percibe como amenazante o de demanda incrementada.” (WIKIPEDIA)

Estrés. Med. Tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos a veces graves.” (RAE)

Por lo tanto, el estrés es la conducta de nuestros gatos frente a una situación estresante para ellos. La respuesta del organismo ante un estímulo ambiental desconocido. Su objetivo es adaptar el organismo ante esta nueva situación. En esta respuesta se reconocen tres fases diferentes:

Alarma: el animal percibe un elemento alarmante que puede ser estresante para él y pone en marcha sus recursos, tanto orgánicos, como conductivos. Ataca, se esconde…

Adaptación: El organismo de nuestro gato, una vez preparado, se adapta a la nueva situación y reacciona de diferentes maneras para poder solucionar el desafío que se le ha presentado.

Agotamiento: El organismo no es capaz de adaptarse con normalidad. Si el elemento estresante que está ocasionando esta situación persiste demasiado tiempo, la respuesta de urgencia del organismo puede debilitarlo considerablemente.

Para entender esto mejor, pongámonos en el lugar de nuestro gato y pensemos una situación que nos sea conocida por nosotros: En nuestro trabajo o estudios nos han encargado la realización de una tarea para la que nos han concedido un plazo razonable. Estamos tranquilos, hemos planificado las tareas a llevar a cabo y el tiempo estimado para cada una. Pero poco a poco se nos ha ido complicando y cuando se acaba ese plazo vemos que apenas nos quedan días para finalizar correctamente nuestra labor, el calendario se nos ha echado encima y tenemos días para hacer el trabajo de semanas, nos encontramos en la fase de alarma. No tenemos apenas tiempo y mucho trabajo por delante, entonces nuestro organismo responde para poder enfrentarnos a este momento y realizar una ingente cantidad de trabajo en un periodo de tiempo insignificante, estamos en la fase de adaptación. Una vez finalizada la prueba, entregado el trabajo y superada la crisis nuestro organismo vuelve a la normalidad.

La respuesta del organismo nos ha ayudado a reaccionar debidamente ante una situación. En este caso hablamos de un estrés beneficioso que nos permite superar obstáculos en la vida. Este estrés, no perjudicial, bien manejado y con un objetivo claro se denomina euestres. Se trata del nivel básico de estrés que utilizamos todos los animales y que nos facilita la adaptación al medio donde nos encontramos. Es ese momento en el que presentamos el trabajo y obtenemos un buen resultado, incluso mejor del que esperábamos

Entonces, ¿Cuándo se convierte en perjudicial?. Pues cuando llegamos a la tercera de las fases que hemos visto anteriormente, la de Agotamiento. Cuando el organismo está obligado a responder de forma constante y prolongada a una situación ambiental de emergencia a la que no somos capaces de adaptarnos. En ese momento el estrés contribuye a deshacer el equilibrio del animal y altera sus respuestas naturales, conduciendo a nuestro gato a una debilidad tal que le afecte tanto de forma física como emocional. Es en ese momento cuando el euestrés (estrés beneficioso) se convierte en distrés (estrés perjudicial).

A la larga el estrés ha demostrado que incrementa el riesgo de padecer enfermedades. Los animales y las personas que sufren de estrés crónico pueden sufrir una bajada de defensas mientras el cuerpo lucha para adaptarse a la amenaza constante a que está siendo sometido. La fatiga física y mental, la debilidad y esta bajada de defensas son consecuencia de la incapacidad del organismo de solucionar el problema emocional con el que se encuentra.

Cada vez son más frecuentes los estudios que relacionan el estrés con numerosas enfermedades “oportunistas”, que aprovechan que el organismo de nuestro gato está ocupado en responder a una demanda de urgencia para hacer mella en él. Se ha demostrado, también, que el estrés juega un importante papel en el aprendizaje, la memoria y la toma de decisiones, es decir, no solo la salud física de nuestro gato se ve seriamente comprometida, un largo proceso de estrés puede llegar a influir de forma vital en el futuro de nuestro compañero si este se produce en una etapa de formación de su personalidad.

¿Qué produce estrés en el gato?

Un gato que vive feliz en un entorno estable, donde todo está en su lugar apropiado, sin novedades reseñables en su rutina, estará tranquilo, feliz, sin problemas de comportamiento y sin síntomas de estrés. Pero si comenzamos a realizar cambios en su entorno, a introducir personas o animales nuevos, etc… y sobre todo, si lo realizamos de forma brusca, inadecuada y sin tener a nuestro gato en cuenta, estamos jugando con fuego y tenemos muchas posibilidades de que nuestro gato, en breve, comience a manifestar síntomas de estrés. Todo gato necesita controlar su entorno para sentirse seguro.

Situaciones que producen estrés en los gatos:

 

Mala relación con los habitantes de la casa: Uno de los motivos más frecuentes de estrés felino es el verse constantemente acosado por otro habitante de la casa, independientemente de la especie de la que se trate (otro gato, perros, niños…). Esta situación les obliga a mantenerse en un constante estado de alerta. Sobre todo gatos tímidos, poco tolerantes a la manipulación o asustadizos, cuando han de convivir con elementos enervantes para ellos terminan desarrollando somatizaciones de estrés. Es algo que vemos con frecuencia cuando un gato ha de recibir en su territorio a otro gato que acaba de incorporarse a la familia.

Cambios en el entorno del gato: El gato es un animal  territorial y muy rutinario. En estado silvestre dedica una buena parte de su tiempo a marcar con sus feromonas su territorio y a asegurarse de que todo está en orden. Para él el control del tiempo y del espacio es vital. La desaparición de su dueño, un viaje demasiado largo, una mudanza, la soledad, la introducción de algo nuevo, que no posee su olor, que genera ruidos nuevos, olores extraños... todo ello va a generar un estado de alerta que si no se controla degenerará en un estrés permanente y perjudicial.

Traumas y abandono: Los gatos que han sido abandonados después de vivir en la calidez de un hogar, los que han sido maltratados físicamente en el pasado… son animales que sienten la necesidad de permanecer en contante estado de alerta. Han aprendido de sus experiencias y estas le han enseñado que la vida es impredecible y que han de estar pendientes de los cambios que puedan producirse para poder sobrevivir. En muchas ocasiones, a pesar de haber abandonado esta situación y de haber encontrado un hogar tranquilo pueden llegar a somatizar el estrés a posteriori, y en vez disfrutar de su nueva oportunidad, siguen demostrando síntomas de estrés “postraumático”. Algo que resulta difícil de comprender al humano que convive con él, ya que no entiende como su gato, que ahora goza de una buena vida, no sea “capaz de apreciarlo”. En esta situación debemos sumar la ansiedad del humano que ve que por mucho que mima a su gato no consigue que se adapte.

Hacinamiento: Frecuente en lugares donde conviven muchos animales, como son las protectoras. Normalmente las colonias de gatos se mantienen en un perfecto equilibrio propio. Cuando este equilibrio se rompe aparecen las agresiones territoriales, los acosos, los marcajes inadecuados… Es decir, el estrés se instala en la colonia y amenaza a cada ejemplar que habita en ella.

Escasa sociabilización: Nos estamos refiriendo a animales con una sociabilización mala o escasa, que se ven obligados contra su voluntad a vivir en entornos no deseados por ellos. En estos casos tenemos que plantearnos la cuestión de cuál es la mejor solución al problema. Encerrar a un gato asilvestrado no es una buena idea.

Aburrimiento: El gato lleva muy poco tiempo conviviendo dentro de nuestros hogares. En estado silvestre su entorno le ofrece muchas posibilidades estimulantes. En muchas de las casas con gato existe una falta de motivación “preocupante” que hace que el animal se aburra y desarrolle un estado de ansiedad que acabe en estrés. De hecho el enriquecimiento ambiental es una constante en casi todos los  tratamientos por ansiedad, hiperactividad y estrés.

 

Fuentes:

Gatos  felices, dueños felices. Santiago García Carballo. Ateles Editores.

Gatos sanos y en forma. Editorial NGV.

Observe a su gato. Desmond Morris

Gatos. Gino Pugnetti.

Todo sobre la psicología del gato. Joël Dehasse. Editorial Servet

Gatos y estrés. GEMFE.  Feline Advisory Bureau.

Reconocimiento del estrés en gatos. Etología veterinaria.

El estrés en los gatos.  Mundogat.net

El gato en estrés. Glorimar Aníbarro, Guía de About.com

 

 

 

 

 

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