María Jesús Sánchez González

María Jesús Sánchez González

María Jesús Sánchez González es terapeuta felina en Valladolid. Aborda casos de problemas de comportamiento con flores de Bach.

Comunicación felina: Las posturas del gato.

Monday, 01 February 2016 09:02

Con su postura general los gatos nos comunican sus emociones. Para poder conocer como es su estado de ánimo y, a veces, adelantarnos a sus reacciones es importante observar su comportamiento cuando se encuentran solos y aprender a interpretar cada mínimo gesto.  Algunas de las posturas más básicas teniendo en cuenta sus diferentes momentos anímicos son:

Gatos tranquilos:

El gato relajado y tranquilo se desplaza con calma por su territorio. Su postura es erguida y su cola levantada, demostrando sus intenciones amistosas. Va explorando todo lo que se encuentra atento y con la curiosidad típica de un gato.

Cuando se encuentra tumbado, el gato relajado lo hará sobre su vientre o de lado, enseñando su abdomen y con la cola extendida o semienvolviéndole.. Acepta sin problema que nos acerquemos sin problema, pero hemos de tener cuidado, que nos enseñe el vientre no siempre significa que esté dispuesto a que se lo acariciemos. Muchos gatos gustan de estas caricias, pero otros nos patearan con sus patas traseras e incluso nos marcarán para detenernos, respetémosles.

Gatos alertas:

Cuando el gato, es su desplazamientos encuentra algo que le llama la atención y se pone en estado de alerta su espalda se tensara levemente colocándose casi en paralelo con el suelo. A medida que esta tensión aumente, su cuerpo podrá sufrir leves espasmos que nos irán informando de que la tensión va en aumento.

Cuando el gato se encuentra tumbado su cabeza suele ganar altitud con el objetivo de aumentar el campo de visión. La cola se aproxima más al cuerpo o la enrolla delante con un leve movimiento en la punta. Las patas traseras se mantienen dobladas dando la sensación de que en cualquier momento pueden iniciar el movimiento del gato si estelo ve necesario.

Gatos nerviosos o estresados:

El estado de alerta va en aumento, por lo tanto el gato adoptará una postura que delate su intención de huir del lugar.

El gato nervioso, independientemente de si está en reposo o de pie, tendrá la parte trasera ligeramente más baja que la delantera, preparado para echar a correr en cualquier momento. Su respiración se verá acelerada y sus ojos presentarán una pupila dilatada. Todo en su organismo está preparado para poder dar una respuesta rápida ante el más mínimo estímulo.

Gatos con miedo:

Cuando un gato comienza a asustarse y su miedo va en aumento reduce el tamaño hasta hacerse una bolita, su intención es hacerse más pequeño de lo que es. Todo su cuerpo se acerca al suelo y se redondea. El peso descansa sobre las puntas de las patas, rígidas y plegadas bajo su cuerpo, apenas visibles. Los músculos se tensan, es como si estuviera petrificado, su cola se adosa al cuerpo y se enrosca en las patas. Si el miedo va in crescendo su cuerpo puede manifestar temblores bien visibles.

Gato agresivo:

Podemos identificar dos tipos de agresividad en un gato:

Agresividad defensiva:

Ya sabemos que a los gatos no les gustan los enfrentamientos directos, prefieren evitarlos, pero cuando un gato decide que no hay escape posible se prepara para defenderse de la mejor manera posible.

Su postura corporal es totalmente contraria a la del miedo, ahora ya no quiere ser pequeño, ahora el gato toma la decisión de parecer mucho más grande de lo que realmente es, por eso todo en su postura corporal tendrá ese objetivo. Sus patas se estirarán lo máximo posible y de juntarán en muy poco espacio, lo que permitirá arquear el lomo pareciendo mucho más alto de lo que es.  Su pelo se erizará, contribuyendo a esta sensación. Para dejar claro a los ojos de su contrario su tamaño el gato agresivo se mostrará de perfil para su contrincante puede ver bien su gran tamaño. Es lo que se conoce como postura de gato de halloween

La agresividad en un gato tumbado se manifiesta cuando este se tumba ligeramente sobre un costado. Puede parecer un gesto de rendición, ya que a veces los humanos lo interpretamos como un ofrecimiento de sus zonas más vulnerables. Es un gran error, ya que el gato con esta postura está enseñándonos sus 18 garras, es decir todo su arsenal, es decir todo lo contrario de lo que interpretamos, este error cuesta a nuestras manos muchos arañazos y mordiscos.

Agresividad ofensiva. El gato cazador.

Todo en el gato está pensado para poder realizar su actividad favorita, la caza. La caza tiene sorprende cuando esta menos se lo espera. Para ello el gato previamente ha estado observando a su presa escondido entre la maleza, donde apenas sus ojos van a ser visibles. Su tamaño es mínimo y su cuerpo se mantiene en horizontal y paralelo al suelo. Una vez que ha tomado la determinación de saltar sobre la presa, el gato mueve de un lado a otro la cabeza, de esta forma calcula más certeramente la distancia del salto necesario para abatir a su presa.

Su cuerpo se tensa, sus pupilas se dilatan. Sus cuartos traseros comienzan a elevarse para dar el impulso del salto y toma impulso en un leve y coqueto movimiento de cadera. Y cuando lo ve claro y necesario salta sobre la presa con sus dientes preparados para inmovilizarla con un solo mordisco.

Cuando el gato conoce al niño.

Sunday, 15 November 2015 14:55

Lo primero que debemos saber es que el hecho de que un niño crezca junto a un animal tiene una serie de ventajas nada desdeñables. Esto es algo muy importante que debemos recordar a los padres cuando se sientan un poco “desbordados” por la situación. Puede que a veces resulte algo difícil, pero tiene grandes ventajas para el niño. Entre esas ventajas podemos recordarles:

·        Ayuda a que los niños sean más sociables ya que mejora la afectividad del crio.

·         Mejora la sensibilidad del niño.

·         Aumenta el sentido de la responsabilidad.

·         La salud también es un punto a tener en cuenta, ya que el sistema inmunológico del niño se va a reforzar. Por supuesto siempre contando con que la  higiene y el estado veterinario del animal sea el correcto.

Pero hay que ser prudentes, sobre todo hasta que la relación entre ambos se normalice. Los niños suelen demostrar un entusiasmo demasiado elevado a los ojos del gato. Debemos recordar que, por el bien de todos, el ritmo de esa amistad lo va a marcar el gato, no podemos forzar esa relación, ha de forjarse poco a poco.

Como forjar esa relación.

        La primera toma de contacto:

Debemos evitar obligar a conocerse nada más verse. No podemos obligar al niño a acariciar al gato ni al gato a ser manoseado por el niño. El objetivo es que ninguno de los dos cree momentos que debamos superar en el futuro. Si obligamos al niño al coger al gato este estará tenso, el gato lo sentirá y reaccionará, lo que puede llegar a convertirse en un desencuentro primero que luego haya que hacer olvidar al niño y al gato. La buena amistad se forja poco a poco, nace y crece a medida que ambos van sintiéndose más a gusto con el otro. Importante recordar siempre, el tiempo y las distancias las van a marcar el gato, siempre.

         Enseñar al niño a respetar al gato:

Como toda relación, ha de basarse en el respeto. Y ese respeto pasa por enseñar al niño qué puede y no puede hacer con el gato.

Hacemos una pequeña lista de cosas a tener en cuenta:

1.- El niño no debe perseguir al gato por la casa y este siempre ha de tener una vía de escape y un lugar seguro para refugiarse en caso de que el niño se entusiasme demasiado.

2.- Cuando el gato demuestre que no quiere ser molestado y se esconde no debemos ir en su busca y sacarlo. Si el gato decide no jugar hemos de enseñar al niño a que está en su derecho a no hacerlo. Sobre todo en momentos de mucho movimiento en casa como cuando llegan visitas o amigos del crio y queremos enseñar a nuestro maravilloso gato.

3.- No molestar al gato cuando esté dormido. Si el gato es despertado bruscamente es muy fácil que responda de forma poco amistosa. El descanso del gato debe respetarse siempre, tanto por niños como por adultos.

4.- Cuando el gato esté comiendo hemos de evitar molestarle. Es un momento muy íntimo para el animal. Además puede mostrarse algo posesivo con el alimento y pensar que el niño le va a quitar la comida, con lo cual le va a dejar claro que esa es su comida y de nadie más de una forma contundente.

5.- La forma de acercarse al gato de un niño no es vista con buenos ojos por el gato, ya que suelen ser demasiado directos para la forma de ser del gato, más cauteloso y discreto. Hemos de recordar al niño que no debemos acercarnos corriendo hacia él o se asustará y se marchará corriendo.

6.- Hemos de enseñar al niño a acariciar al gato. Las zonas que más le gustan suelen ser la cabeza y el lomo y las más peligrosas y que debemos evitar son el abdomen, las patas traseras y el rabo.

No acariciar al gato a contrapelo, ni tirarle del rabo para sacarlo de su escondite.

7.- A la hora de coger al gato también hemos de ser cuidadosos. Aunque veamos a la madre que los coge por el cuello, debemos evitar que el niño lo haga. Tomarlo tranquilamente con una mano en el estómago y la otra en los cuartos traseros, repartiendo el peso en ambas manos. No apretar al gato contra el pecho y, al menos al principio, no acercar demasiado la cara hasta tener completa confianza en la respuesta del animal. El gato ha de tener libertad de saltar de los brazos cuando lo desee, no retener al animal en contra de su voluntad.

8.- La forma más segura de jugar con el gato es con juguetes largos, que le mantengan la atención y nos permitan respetar las distancias, cañas, juguetes atados a hilos…. Nunca jugar con las manos ni con los pies.

9.- Enseñar al niño a estar tranquilamente sentado junto al gato mientras le acaricia suavemente, de este modo ambos aprenderán a estar un junto al otro de forma relajada y a disfrutar de la compañía mutua.

10.-Debemos recordar que los ruidos , los gritos y los movimientos rápidos no son del agrado del gato y pueden asustarlo. Por lo tanto debemos evitar que si el niño está muy excitado acuda a jugar con el gato. Mejor relajar al niño antes de tener dos seres excitados y enfrentados.

           Aprender a entender al gato:

La comunicación es la base de toda relación. Y esa comunicación ha de ser bidireccional. El gato va a aprender por su cuenta todos nuestros movimientos y reacciones para actuar en consecuencia, y nosotros debemos, por nuestra parte, a entender cada gesto de nuestro gato para poder prevenir malentendidos y darle lo que nos está pidiendo.

Entrar en detalles sobre comunicación felina es muy complejo. Vamos a recordar cuatro cambios en nuestro gato a tener muy en cuenta:

Sonido: El gato que se siente a gusto ronronea si esta relajado y gorgojea si está feliz. Cuando veamos que el animal cambia estos sonidos por un rugido gutural, por leve que sea, ha llegado el momento de dejar al gato en paz.

Orejas y bigotes: El gato feliz tiene las orejas erguidas hacia adelante. Cuanto más retrase las orejas y las acerque a la cabeza más enfadado estará. Cuando percibamos este cambio, dejamos al gato en paz. Los bigotes hacia adelante significan que el gato está contento y curioso, es el momento de jugar, los bigotes hacia atrás, sobre todo si se combinan con las orejas, debemos alejarnos ya del gato.

Cola: La cola en alto es la de un gato contento y con ganas de jugar. Si la golpea fuertemente contra algo, como si tuviera vida propia está empezando a enfadarse. La col erizada es alerta siempre, hay que dejar al gato en paz.

Piel: Un gato feliz es suave y blando. Cuando al acariciarlo sintamos que la piel se vuelve dura y que su musculatura se tensa, dejamos de tocar al gato.

Poco a poco, observando a nuestro gato, iremos conociendo cada gesto suyo y pudiendo responder a sus demandas y rechazos.

Es muy importante que los padres estén muy pendientes de los encuentros entre los dos para poder frenar y corregir cualquier mala acción de ambos.

Es importante, tanto para el niño como para el gato, el trabajo en positivo. Premiar a ambos los contactos que hayan sido satisfactorios e ignorar e intentar en otro momento si vemos que alguno de los dos no está en disposición. Ambos han de relacionar los encuentros niño/felino con cosas buenas. El gato ha de tener muy claro que portarse bien con el niño, jugar tranquilamente y hacer las cosas bien supone un beneficio. Si el gato relaciona al niño con buenos momentos y se siente tranquilo y seguro de que va a ser respetado las reacciones negativas se reducirán considerablemente.

Presentaciones entre perros y gatos

Sunday, 15 November 2015 14:45

¿Cómo el perro y el gato?

 

Muchas veces hemos utilizado esta expresión cuando nos referimos a una mala relación entre humanos. Tradicionalmente se ha pensado que los perros y los gatos son incapaces de convivir en armonía, pero cada vez son más los ejemplos que echan por tierra esta afirmación. ¿el secreto?  Nuestra actitud. Hacer las cosas bien desde un primer momento ayuda a que las dos especies convivan sin problema desde el primer momento.

¿Cómo hemos de proceder cuando queremos convivir con ambas especies en casa?

      Cuando un gato llega a casa de un perro.

       Los primeros días del gato en casa:

Lo primero que debemos hacer es preparar con tiempo la llegada del felino a nuestra casa. Debemos buscar un espacio en casa donde acomodar en un primer momento a nuestro gato. Tenemos que tener en cuenta que acaba de llegar a un territorio nuevo y le vamos a pedir que conviva con humanos y perros a los que no conoce, no podemos abrumar y estresar al gato con todo de una vez, hemos de proceder poco a poco.

Este espacio ha de ser utilizado durante los primeros días exclusivamente por el felino e impediremos la entrada al perro en todo  momento.

Es importante que el espacio donde el gato va a vivir durante los primeros días esté perfectamente habilitado para conseguir que esté confortable. Ha de tener todos los elementos necesarios para el bienestar físico y emocional del animal.

Aprovecharemos el tiempo que esté en su espacio de seguridad para presentar  al otro miembro de la familia. Para ello usaremos el lenguaje animal universal: el olfato. Vamos a decir al gato que hay un perro en la casa y al can que un minino va a convivir con él a partir de ahora. Para ello procederemos de la misma forma que en el protocolo de presentación entre gatos: el juego de los  pañuelos. Dejaremos que un pañuelo se impregne con el olor del gato y otro con el olor del perro y los intercambiaremos. De esta forma cada animal comenzará a conocer el olor del otro sin necesidad de enfrentarse. Es importante jugar nosotros con uno y otro por separado y dejar que nos impregnen de sus olores para que poco a poco se acostumbren a sentir la presencia de ambos a la vez. En estos momentos nosotros somos el punto de unión entre ambos y debemos entrar en el juego para facilitar la unión entre perro y gato.

Cuando el perro no esté en la vivienda podemos dejar al gato que deambule por la casa para que vaya conociéndola poco a poco y vaya reconociendo el olor canino por todo el territorio. Así mismo el gato va a ir dejando su tarjeta de visita por toda la casa, y cuando el perro regrese se su paseo será consciente de ello.

Iremos observando la actitud de los dos animales cuando son conscientes de la presencia del otro a través de los olores. Cuando veamos que ambos animales se comportan con normalidad será el momento en el que comenzaremos las presentaciones más personales.

Las presentaciones.

El día que vayamos a presentar a ambos animales hemos de proceder con cautela y tranquilidad.

Para que nuestro perro esté relajado y tranquilo es importante haberlo sacado ya a su paseo diario. De este modo su energía será mucho menor y estará mucho más calmado ante el gato.

Introduciremos al gato en su trasportín y lo dejaremos en el cuarto donde ha vivido los últimos días. Llevaremos al perro siempre atado al cuarto e intentaremos que se siente tranquilamente en algún lugar donde el gato pueda verlo. Si vemos que todo se desarrolla con normalidad iremos dejando que se aproxime con calma al espacio del gato. Mantendremos siempre la atención sobre el lenguaje corporal de ambos para reaccionar a tiempo y tendremos a mano algún juguete canino para llamar su atención en el caso de que veamos que se pone un poco “pesado” con el gato.

No dejaremos que estos primeros encuentros sean demasiado largos, con 5 o 10 minutos es suficiente los primeros días. Si prolongamos más la presentación el perro puede aburrirse y pedir más entrega al gato.

Si el encuentro ha sido un éxito premiaremos a ambos para dejarles claro que es precisamente eso lo que esperabas de ellos.

Si alguno de los dos animales da muestras de no estar a gusto, acaba la sesión inmediatamente y déjalo para otro momento. No queremos que ninguno de los dos animales acumule malas experiencias que puedan asociarse al otro animal.

Cuando veas que estos encuentros cortos se desarrollan con normalidad podremos prescindir del elemento de seguridad y comenzar con contactos más personales.

Estos se seguirán haciendo en el espacio de seguridad felino. De nuevo sacaremos a nuestro perro a pasear y entraremos tranquilamente al cuarto con el perro atado y muchos elementos de distracción para jugar con el perro. En estos encuentros hemos de asegurarnos de que nuestro gato cuenta con una vía de escape o un lugar seguro donde ir en caso de que se sienta agobiado por la presencia del perro. Jugaremos con el can para mantener su atención sobre nosotros a la vez que prestaremos atención al gato con caricias y premios para hacer la experiencia más agradable para ambos.  De nuevo estos momentos han de ser cortos para no arriesgar demasiado.

Iremos repitiendo estos encuentros y aumentando su duración a medida que veamos que ambos animales van estando más relajados en presencia del otro. Poco apoco iremos dejando de interactuar con ellos y nos quedaremos en un segundo discreto plano para supervisar, pero dejando que se relacionen entre ellos ya solitos.

No debemos olvidar que en nuestra ausencia no es aconsejable dejarlos justos hasta no estar completamente seguros de que ambos se toleran perfectamente, y siempre hemos de dejar al gato un lugar tranquilo donde descansar del perro.

El tiempo que vamos a tardar en conseguir una buena convivencia es difícil de concretar, pero siempre va a venir marcado por ellos, sobre todo por el gato. Nuestras prisas no van a ayudar a nadie, serán ellos los que decidan cuándo y cuánto quieren intimar.

      Cuando el perro llega a casa de un gato.

El modo de proceder en este caso es prácticamente el mismo que en el anterior, sin embargo hay que tener en cuenta la especial naturaleza del animal que ya vive en la casa. El gato es un animal muy territorial y no siempre se va a mostrar dispuesto a aceptar al perro en su hogar y cederle parte de sus dominios. Si es posible debemos preparar con antelación la llegada del perro a la casa donde vive un gato, ya que los felinos no gustan en absoluto de los cambios bruscos de sus costumbres. No contamos con la personalidad sociable y acogedora del perro y éste no siempre va a recibir al nuevo compañero con las puertas abiertas.

Debemos observar el territorio del gato y comprobar si su organización va a ser compatible con el espacio que va a ocupar el perro que llegue. En el caso de que tengamos que hacer algún cambio en su territorio es aconsejable que éste se realice antes de la llegada del perro para evitar que al gato asocie al nuevo animal con los cambios que tan poco gustan a los gatos.

Una vez que tenemos claro que los territorios de ambos están perfectamente adecuados y que nuestro gato ha aceptado de buen grado estos cambios es el momento de abrir nuestra casa al perro.

Como en el caso anterior debemos buscar la forma de que gato y perro puedan realizar una presentación gradual y proceder de la misma manera que cuando es el gato el que llega a casa. Hay cosas que queremos hacer con ambos desde el primer día, pero esto no va a ser posible. Hemos de trabajar para conseguirlo, con tiempo y paciencia, pero no debemos forzar al gato a aceptar al perro que acaba de llegar. Nuestras costumbres con el gato han de mantenerse intactas y poco a poco ir introduciendo al perro en estos hábitos. Hemos obligado a nuestro gato a que ceda parte de su territorio y poco a poco ha de ir decidiendo por sí mismo cederle también parte de tu atención y del tiempo que le dedicas.

A pesar de que hagamos las cosas bien y sigamos el protocolo a pie de la letra, la relación entre ambos animales va a depender totalmente de ellos. Tenemos que tener claro que, a veces, nuestras expectativas son demasiado elevadas o queremos que se produzcan demasiado rápidamente.

 

 

 

Cómo limpiar orina de gato.

Wednesday, 28 October 2015 11:34

Todos los que tenemos gatos hemos sufrido en alguna ocasión los resultados de la eliminación inadecuada de nuestro amigo.

A la hora de poner solución al problema siempre hemos de partir del mismo punto de origen: acabar con cualquier rastro de evacuación fuera de la zona prevista para ello. Eliminar el olor a orina de gato es complejo, pero no imposible. Vamos a ver cómo podemos proceder llegado el caso:

1. Absorber.

Cuando veamos orina en una tapicería debemos buscar papel absorbente para retirarla sin frotar, dejaremos el papel el tiempo necesario para que absorba bien todo. Nos aseguraremos de que ya no queda nada de orina en la zona antes de comenzar la limpieza propiamente dicha.

2. Limpiar.
  • Sobre tapicerías.

Ante todo, seguridad. Debemos  probar todos los remedios en una zona poco visible para asegurarnos de que los productos que usamos no dañan el tejido. Y, por supuesto, realizaremos toda la operación con guantes para cuidar nuestras manos.

Preparemos una mezcla con vinagre blanco,  elegimos este tipo de vinagre y no el de color para evitar manchas posteriores. Mezclaremos 3/4 de vinagre con 1/4 de agua y empaparemos toda la mancha bien. Procederemos a frotar con suavidad para no dañar el tejido, pero lo suficientemente fuerte como para que el vinagre penetre en la tela. Dejamos actuar unos minutos y volvemos a secar con papel absorbente. El vinagre va a eliminar las bacterias causantes del mal olor.

  • Sobre otras superficies.

Si el charquito de orina no está sobre una tela, sino sobre una superficie podemos mezclar también 10 partes de legía por una de agua y atomizar. Hemos de tener cuidado,  ya que la legía puede dañar la superficie, siempre  nos aseguraremos bien antes de hacer nada irreversible

3. Desodorizar.

Cuando este ya seco esparciremos bicarbonato de sodio sobre la mancha, poniendo cuidado de que llegue a todo el tejido manchado. El bicarbonato es un desodorante natural muy eficaz, ya que absorbe muy bien los olores residuales.

Mientras el bicarbonato actúa vamos mezclando 3% de agua oxigenada con una cucharadita de nuestro lavavajillas habitual y cubriremos con la mezcla el bicarbonato, haciendo una papilla que dejaremos actuar un tiempo.  Cuando veamos la mezcla seca lo retiraremos con cuidado, podemos usar el aspirador si es necesario.

Podemos utilizar también blanqueantes de ropa a base de oxígeno. En este caso seguiremos las instrucciones del fabricante y cubriremos con él la mancha a tratar.

4. Consejos.

Ya lo hemos dicho con anterioridad, pero es importante recordar que siempre hay que trabajar con seguridad. Cuidado con las mezclas de productos, pueden dañar nuestra piel. Los guantes son un elemento de protección importante.

No debemos hacer nada irreversible. Los tejidos pueden dañarse, probar antes en una zona poco vivible. Los materiales porosos absorben con facilidad los productos, cuidado antes de esparcir nada sobre ellos sin asegurarse.

A veces, si la mancha es antigua puede que no sea eliminada a la primera oportunidad. Podemos repetir el proceso las veces que sean necesarias.

Para asegurarnos de que no hay ya orina en la zona podemos apagar la luz y usar una linterna de luz azul, desgraciadamente en ocasiones encontraremos manchas que desconocíamos.

Nunca debemos usar amoniaco, ya que este producto huele igual que su orina y estaríamos reforzando su hábito.

Si no queremos complicarnos con remedios caseros, podemos encontrar en el mercado limpiadores específicos para orina de gato. Se tratan de limpiadores enzimáticos que se usan directamente sobre la mancha y que no resultan tóxicos para nuestro gato.

Y LO MÁS IMPORTANTE. Debemos buscar la causa de la eliminación inadecuada siguiendo el proceso habitual: Buscar y tratar el origen del problema partiendo siempre de la solución a los problemas físicos.

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Comportamiento Felino

Comportamiento Felino es una iniciativa de María Jesús Sánchez González.