Gatos y Bebés

Cuando nos enteramos de que en breve tendremos un bebé en casa nos asaltan multitud de dudas, es inevitable. Si además nuestra familia se compone de miembros de diferentes especies muchas de ellas tienen que ver con la posible relación que existirá entre el bebé y los miembros no humanos de la casa.

Desgraciadamente lo que debería ser una buena noticia para todos a veces se convierte en despedidas innecesarias, inútiles y, sobre todo, injustas. Si convivimos con gatos y estamos esperando un hijo se necesita un pequeño esfuerzo para conseguir una convivencia armónica que nos permita disfrutar juntos de la experiencia plenamente. Se puede conseguir, solo hace falta poner un poquito de interés y pensar que nuestro gato, como miembro de la familia que es, también va a tener que recibir al pequeño en casa. 

Uno de los motivos de abandono relacionados con la maternidad son los problemas de comportamiento del gato tras la llegada del bebé.  Nuestro gato “de repente” comienza a comportarse mal y a hacer cosas extrañas que nos molestan y nos hacen temer por la seguridad del niño. Pero ¿realmente nuestro gato está haciendo trastadas o está intentando comunicarse con nosotros sin éxito? Para que poder entender lo que está pasando en casa es importante saber lo que siente un gato cuando llega un bebé, de este modo se podrá interpretar mejor cada uno de sus gestos.

Los gatos son animales  muy sensibles a los cambios de su entorno, cualquier modificación, por tonta que parezca a nuestros ojos, puede significar un problema tan grande para ellos que les ocasionen trastornos, tanto físicos como emocionales.  El equilibrio emocional de un gato pasa por el control total de su territorio y de los seres que lo habitan, con la llegada de un bebé es fácil que el gato sienta que ha perdido ese control. Ante esta situación los gatos pueden sentir todo un abanico de emociones. Pueden sentir miedo, angustia, sentimiento de abandono, tristeza,  celos, agresividad, posesividad hacia el dueño o el bebe (depende), resentimiento, estrés.... ¡Increíble la de cosas puede sentir un gato cuando llega casa un bebé!. Es muy probable que se sienta destronado y menos atendido por sus dueños, ya que de ser muchas veces el único centro de atención ahora ha de compartir nuestro tiempo con otro ser que ha llegado "de la nada" y sin pedir permiso. Muchas veces este malestar del animal se traduce en orina en lugares inadecuados, pequeños arranques de agresividad, roturas de objetos... y solemos interpretarlo como un acto de venganza. Sin embargo, es importante entender  que no es así realmente. Lo que sucede es que el  gato está intentando aliviar la ansiedad que este cambio le ha producido y nos está diciendo de algún modo que no se encuentra bien anímicamente. Si vivimos  esta situación es importante extremar el cuidado del animal, ya que, a veces, esta ansiedad se traduce en problemas físicos. Vigilar que orine de forma habitual, posibles problemas dérmicos, digestivos y respiratorios  es algo que no está de más, y, por supuesto, si se ve algo raro acudir a nuestro veterinario de confianza lo antes posible.

 

¿Cómo prevenir problemas de comportamiento?

 

1. Preparando el terreno:

Antes de la llegada del bebé podemos ir preparando al animal. Es importante intentar ajustar los horarios y lugares nuevos poco a poco. Hemos dicho que los cambios bruscos son perjudiciales para ellos, así que si sabemos más o menos los cambios que se van a producir en su vida debemos hacerlos gradualmente. Si su lugar de descanso va a cambiar, comenzaremos haciéndolo desde ahora. Si va a tener prohibida la entrada a alguna zona, como es el cuarto del crío, podemos negarle poco a poco el acceso a la estancia. Si a partir de la llegada del bebé alguna puerta, sobre todo la del cuarto del niño, va a quedar cerrada, empezaremos a hacerlo ya. De este modo, casi sin darse cuenta, irá adaptando sus costumbres  a la nueva situación, y como no hay aún bebé a la vista no asociará los cambios a su llegada.

Si es posible lo acostumbraremos a olores y sonidos propios de un bebé. Podemos dejar que el gato olfatee lo que ya tenemos preparado para el niño, su colonia, su jabón, su ropita... para que luego no le sea extraño. Podemos ponerle algún sonido de llanto de bebés para que vaya escuchándolo y acostumbrándose. Internet o algún cd de sonidos nos pueden ayudar.

Cuando haya nacido, antes de llevar al niño a casa, podemos hacer que alguien de la familia le enseñe una ropa que haya usado el pequeño para que su olor personal  le sea ya conocido antes de las presentaciones.

 

2. Con el bebé en casa

Cuando lleguemos a casa con nuestro hijo el gato podrá actuar de varias maneras, dependiendo de su carácter:

Si nuestro gato es extrovertido, posiblemente se acerque para investigar y reconocer a nuevo miembro de la familia. Es importante no rechazarlo ni  castigarlo por ello, es una reacción totalmente normal. Eso sí, hemos de estar atentos a su lenguaje corporal y ante el más pequeño síntoma de rechazo por parte del animal reclamar su atención con algo y apartarlo con cuidado, sin castigo, hablándole en un tono amable pero haciéndole ver que esa no es la actitud. Si, por el contario se muestra tranquilo, acaríciale mientras observa a tu niño y háblale dulcemente para que relacione al bebé con cosas agradables.

Si, por el contrario el gato es tímido, puede pasar que cuando lleguemos se esconda por temor a la novedad  que llega a la casa. En este caso nunca debemos forzar la presentación, prohibido llevarle en brazos frente a bebé, ya lo hará él por su cuenta cuando se sienta preparado.

Durante estos primeros días vas a recibir muchas visitas, seguro, todos quieren conocer al nuevo miembro de la familia. Por norma general eso es algo que no va a gustar al gato ya que trastoca  su rutina. Debemos intentar que las visitas que lleguen colaboren un poquito con nosotros  y dediquen unos momentitos a mimar al gato, que no se sienta apartado e ignorado. de esta forma reduciremos el riesgo de celos.

Un bebé da mucho trabajo, ya lo sabemos, pero ello no nos exime de seguir cuidando de nuestro gato. Si el gato tiene unas costumbres establecidas, como subirse a  las piernas, dormir a nuestro lado, jugar con nosotros a ciertas horas, etc...  estas han de respetarse y mantenerse. No podemos excluirlo de nuestras vidas así como así, debemos dejar que se sienta parte de la familia. Imaginemos por un momento  que a nosotros nos excluyesen y nos  encerrasen cuando llegue alguien nuevo, no nos gustaría, pues a ellos tampoco. Cuantos menos cambios  haya mejor,  y cuando más integrado esté en el grupo más seguro será para todos. No hay una imagen más tierna que ver a una madre alimentando a su hijo con su gato junto a ellos.

En los primeros meses de convivencia hemos de mantener unas pautas de comportamiento  para prevenir accidentes y evitar riesgos:

Cuidaremos de no dejar al bebé a solas con el gato, al menos al principio hasta que no estemos totalmente seguros de su actitud.  Tampoco es bueno que el gato  se acostumbre a subir a la cuna, cualquier ruido o movimiento del crío puede asustarla y al huir puede dañar al bebé.

Es importante mantener las uñas  del gato cortas, por si acaso.

Debemos asegurarnos de que el gato tiene claro lo que debe y no debe hacer.

 

3. Prevenir celos:

“Cuando el bebé está presente no me hacen caso, cuando no está sí me hacen caso.”

En el momento en que el gato llegue a esta conclusión va a aparecer el riesgo de celos, porque entra en competición directa con el niño. Luego nuestro objetivo será evitar que suceda esto. Lo normal es que cuando el bebé duerma los adultos estemos más tranquilas y le dediquemos más tiempo  al animal y que cuando el crío esté despierto nos centremos en atender al niño. Nos parece totalmente lógico desde nuestro punto de vista humano, pero el gato no lo va a interpretar del mismo modo que nosotros y este puede ser un punto de desencuentro importante.

Para evitarlo debemos intentar atender al gato en presencia del niño. Las caricias, los juegos, los premios... han de darse siempre en presencia del crío. Si el bebé no está presente no debemos aumentar nuestras atenciones hacia el animal, al contrario, es mejor intentar reducir la atención hacia ellos cuando no esté el bebé a nuestro lado. De esta forma el gato verá que solo obtiene beneficios y atención cuando el  niño está delante y lo asociará a cosas buenas. Cambiaremos la idea de competición por otra beneficiosa “Si el niño está delante me hacen caso, si no está me ignoran y me aburro.” La competición no solo no aparece sino que la idea de grupo social con el niño queda reforzada.

 

Resumiendo:

1.- Preparar todo con antelación, reduciendo los cambios bruscos se elimina riesgos de estrés en el  gato y los problemas de comportamiento.
2.- Acostumbrar a nuestro gato al bebé de forma gradual.
3.- Mantener la calma en las presentaciones, el ritmo lo marca el gato.
4.- Supervisión constante para evitar problemas.
5.- Conseguir que el gato asocie al bebé con cosas buenas para él.
6.- Observar los cambios  físicos y de comportamiento del gato, interpretando correctamente el lenguaje del animal. Si hace algo inadecuado no debemos darlo demasiada importancia, sin castigos, en positivo y concariño. No debemos olvidar nunca que simplemente nos está diciendo que hay algo que le está afectando y no se encuentra bien. No es venganza, es comunicación, escuchemos a nuestro gato, él tambien es parte de la familia.

María Jesús Sánchez González

María Jesús Sánchez González es terapeuta felina en Valladolid. Aborda casos de problemas de comportamiento con flores de Bach.

Website: www.comportamientofelino.es

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Comportamiento Felino

Comportamiento Felino es una iniciativa de María Jesús Sánchez González.