Pautas para socializar a un gato

La socialización de un gato va a depender de diferentes factores:

  • Componente genético del gato, que marcará el futuro carácter del gato.
  • La manipulación de la madre durante el periodo de gestación.
  • La estimulación recibida por el gato durante las semanas de impronta.
  • La edad de comienzo de la socialización.
  • El trabajo de socialización.

Con esto, lo que quiero recordar es que el resultado no solo va a depender de nuestra actitud. Un trabajo humano puede ser esmerado, pero si el animal posee un carácter tímido o ha vivido experiencias previas traumáticas es posible que lo conseguido sea menor de lo que nos gustaría. A veces debemos conformarnos con gatos que conviven con nosotros sin problemas, nos aceptan de buen grado, pero necesitan una distancia de seguridad amplia y no gustan de manipulaciones. Si es así, deberemos aceptar a nuestro gato como es y aprender a disfrutar de él.

 Pautas para socializar a un gato:

1.- Preparando el espacio:

El lugar donde vamos a instalar al nuevo inquilino ha de estar previamente preparado para su llegada. Personalmente no soy partidaria de dejar al gato toda la casa desde un primer momento. El gato, por naturaleza curioso, tiene la necesidad de investigar todo lo que le rodea moviéndose y buscando al azar lugares “con encanto”. Para un gato que acaba de llegar lo mejor es ofrecerle en un primer momento una zona restringida y, lentamente, ir ampliando su territorio. Si el gato además es cachorro debemos tener en cuenta la importancia de adaptar el territorio al tamaño del animal.

Requisitos del espacio:

Debemos buscar un lugar tranquilo y seguro. Es importante revisar que no posea grietas o huecos donde el animal pueda querer entrar y quedarse atascado dentro, lo que resultaría peligroso.

Lo mejor es que sea un espacio abierto, donde el gato tenga capacidad para huir si lo ve necesario sin sentirse acorralado, pero no lugares donde esconderse y desaparecer. Desaconsejo totalmente los baños. Son espacios pequeños, con peligros y demasiados rincones donde intentar meterse.

Por supuesto, el lugar donde vamos a tener al animal ha de estar provisto de todo lo necesario para cubrir sus necesidades. Comedero, agua a demanda, cajón de arena, rascador, una cama y, si es posible, dejar el trasportín abierto dentro del mismo espacio. Y no debemos olvidar la necesidad de ocio durante el tiempo que no le vayamos a dedicar atención personalizada.

2.- Como actuar ante el gato:

Suministrar alimento al gato para que se acerque es una buena forma de comenzar, pero no es suficiente. La comida ha de estar asociada a experiencias positivas para que el gato asocie nuestras manos con algo bueno, no únicamente como proveedoras de alimento. Debemos trabajar para conseguir esos buenos recuerdos asociados a nosotros. Y para ello debemos proveernos de tiempo, paciencia y grandes dosis de cariño.

Debemos mejorar la comunicación con nuestro minino y poder interpretarlo correctamente.  Para prevenir errores es importante observar cada cambio corporal del animal y conocer en todo momento aquello que nos está diciendo. Nada ocurre de repente ni porque sí, todo tiene un motivo justificado. Posiblemente nuestro gato nos lo esté diciendo, pero nosotros no seamos capaces de entenderlo. Debemos poner interés en mejorar la comunicación con él para conseguir llevar la socialización a buen final.

Acercarse al gato:

Cuando nos acerquemos a un gato poco confiado nunca lo debemos hacerlo de forma directa, ellos lo interpretan como una manifestación de agresividad por tu parte. Hay que hacerlo siempre dando un pequeño rodeo, en forma de semicírculo.

Mantendremos una distancia prudente. No debemos ser nosotros los que nos acerquemos al gato, que sea él el que, cuando esté dispuesto, acuda a nosotros.

Cuando hayamos llegado al límite de distancia nos sentaremos o, mejor, nos tumbaremos si podemos. De esta forma no te verá como algo amenazante y grande.

Ya en esa posición comenzaremos a hablar con el gato. Hay que hacerlo bajito, despacio y dulcemente. Se sabe que a los gatos les agradan más los tonos agudos, les da más confianza, por lo que podemos modular la voz para que le resulte agradable.

Si es posible, comenzaremos a hablar en su idioma. Tumbados y relajados comenzaremos por un leve maullido. Si, maullar, el maullido, si es relajante y tranquilo, le hará saber que no representamos ningún peligro. También podemos comenzar a trabajar con la mirada, hablando con los parpadeos. Mirando a tu gato a la cara, no a los ojos, y, comenzaremos a parpadear muy lentamente, retirando después la mirada a un lateral. Pronto veremos como el gato, cuando se relaje nos responderá de la misma forma. Es una señal de calma, una forma de decir, si estoy aquí, pero no soy un problema, solo estoy aquí contigo. Bostezaremos y, sin sentirnos ridículos, ronronearemos y comenzaremos un ritual de limpieza ante él. Todo ello le resultará familiar y le ayudará a tomar confianza.

Nunca debemos forzar  la situación, si al vernos se esconde, no vamos a acudir en su busca, sino que actuaremos con calma. Colocaremos comida cerca del gato, retrocederemos y recuperaremos tu postura no amenazante. Cuando el gato se acostumbre a vernos y comience a confiar en nosotros comerá sin problemas. Con el tiempo la distancia de seguridad entre nosotros y el gato se irá reduciendo. Es muy importante que sea el gato el que se acerque a nosotros y no al revés.

Una vez que se haya acostumbrado a nuestra mera presencia en el cuarto sin salir despavorido en busca de un rincón donde esconderse podemos comenzar a trabajar los contactos físicos.

Para conseguirlos lo primero que debemos hacer es dejar que se acostumbre a nuestro olor. Podemos acercar un objeto que nos pertenezca y que sea de pequeño tamaño. Unas gafas,  un sombrero o cualquier otro objeto que tenga nuestro olor y no resulte amenazante. Si usamos el brazo extendido simplemente es importante recordar que nunca debemos  levantar y estirar los dedos. Los gatos interpretan nuestros dedos estirados ante ellos como una demostración de agresividad y amenaza.

Lo mejor es fabricarse un instrumento que nos va a ser muy útil. Cogeremos un palo de cierta longitud y pondremos en uno de sus extremos un pañuelo enrollado que tenga nuestro olor e información. Se convertirá en  una prolongación de nosotros mismos hasta que se acostumbre, y lo usaremos cuando veamos que el gato come relajadamente en nuestra presencia. Podemos  acariciar con cuidado y lentamente la cabeza del gato con el extremo del palo, nunca la espalda o los costados. Al gato le gusta que le acaricien la cabeza, no la espalda, dejaremos esta zona para cuando la aceptación sea clara.  La reacción corporal del gato ante este contacto con nuestro olor nos dirá si está preparado o no para un contacto más directo. Si no retrocede será buena señal, si lo hace debemos dejarlo para más adelante.

Cuando consigamos que nuestro gato acepte el contacto será el momento de intentar la manipulación más directa. Las manipulaciones, siempre cuidadosas, han de realizarse en periodos de tiempo cortos pero frecuentes. La duración de estas sesiones irá siempre marcada por el gato. Cuando veamos que el gato se ha cansado de nuestra presencia, lo dejaremos  marchar inmediatamente. Podemos probar a  trabajar con manipulaciones relacionadas con el cuidado del gato, ya que éstas siempre van asociadas a la madre y si el gato ve que somos nosotros los  que le limpiamos y cepillamos nos verá como su segunda madre.

Es importante recordar que nunca debemos intentar capturar a un gato persiguiéndolo y acorralándolo. Hemos de ser muy cuidadoso a la hora de no traicionar su confianza, si lo hacemos habremos de volver a empezar y se perderá todo el trabajo. Además nos costará recuperar su confianza más que antes porque ya tendrá una experiencia negativa relacionada con nosotros. Es importante que nuestras manos sean sinónimo de cosas positivas. Cuando finalice una sesión no debemos olvidar recompensar al gato con un premio de su agrado.

Jugar con el gato:

Los gatos necesitan juegos para desarrollarse física y emocionalmente. Debemos crear una rutina diaria y seguirla. Los gatos necesitan sentir que tienen las cosas bajo control. La rutina ayudará a que se relaje y acepte mejor todos los cambios que está viviendo. Mientras que si siente que las cosas suceden de forma impredecible se sentirá en la necesidad de estar siempre alerta. 

Cada día acudiremos a verle, hablaremos con él, jugaremos y premiaremos sus avances, el objetivo es crear un vínculo en el que el gato nos vea como sinónimo de buenos ratos. Los juguetes del tipo plumas o cañas son los más aconsejables en un primer momento, ya que no requieren de un contacto físico con el gato y son muy divertidos para él. Cuando el gato nos acepta, pero aun no lleva bien el contacto físico con nosotros este tipo de juguetes nos permitirá mantener cierta distancia e interactuar a la vez. 

Cuando sintamos que el gato está relajado y tranquilo, y se acerca sin problemas debemos comenzar a exponer al animal a otros estímulos y a otras personas con el objetivo de que se acostumbre a un entorno más rico. Es importante que la gente sepa que se encuentra ante un animal especial y que debe comportarse de manera tranquila para no asustarlo. Dejaremos que el gato marque el ritmo, es importante enseñarle más personas o animales, pero no le obligaremos a nada, cuando se dé cuenta de que no son una amenaza y con la experiencia grata de su relación con nosotros, se atreverá a acercarse él solo.

¿Cuánto tiempo tardaremos en socializar a nuestro gato? Eso es algo que sólo ellos podrán decirnos. Como ya he dicho, tiempo, mucha paciencia y más cariño aún. Así es como conseguiremos que nuestro gato sea un animal feliz.

Y recuerda que el nivel de socialización del gato no tiene por qué responder siempre a nuestras expectativas, y que el ser un gato más tímido no lo convierte en peor gato.

 

 

María Jesús Sánchez González

María Jesús Sánchez González es terapeuta felina en Valladolid. Aborda casos de problemas de comportamiento con flores de Bach.

Website: www.comportamientofelino.es

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Comportamiento Felino es una iniciativa de María Jesús Sánchez González.