El baño del gato

De todos es sabido que el gato es un animal para el cual la higiene personal es primordial. Por norma general los gatos pasan una tercera parte del día aseándose  y no necesitan de ayuda externa, pero, llegado el caso, ¿podemos bañar a nuestro gato?

Existe la creencia de que el gato odia el agua, sin embargo no es del todo cierto, no se puede generalizar. En algunas razas la piel del felino es extremadamente sensible y no está preparada para aislar correctamente al gato de la humedad, de ahí su aversión al agua, pero existen razas, generalmente  de origen asiático, como el Van Turco, cuya piel es más resistente y que no tienen problema en introducirse en el agua, hasta el punto que entre su dieta se encuentran peces que ellos  mismos consiguen pescando.

Por lo tanto, la respuesta a la pregunta es, si, podemos bañar a nuestro gato si es necesario, pero, por supuesto debemos seguir unos pasos para hacerlo correctamente.

Como bañar a un gato

Lo primero que debemos hacer es acostumbrar a nuestro gato al baño. El mejor momento para hacerlo es en los primeros meses de vida, justo en la etapa de la sociabilización, donde todo aquello que aprenda quedará grabado en su mente para el resto de su vida. Si no hemos llegado a tiempo y nuestro compañero ya tiene una edad poco permeable a nuevas sensaciones hemos de tener más cuidado a la hora de hacerlo, pero no es imposible. Para que nuestro gato acepte de buen grado el baño hemos de convertirlo en un placer, en un momento íntimo entre gato y humano, una actividad que refuerce la relación entre ambos y que mejore el vínculo ya existente.  Una buena opción es incluir la bañera o recipiente del baño dentro de su zona de juego, para convertirlo en un lugar habitual donde ha entrado y jugado con anterioridad.

Si te es posible baña siempre personalmente a tu gato. Busca un momento en el que dispongas de tiempo suficiente para hacerlo con calma, sin prisas y de forma relajada, si tú estás nervioso tu gato lo notará y también se estresará haciendo imposible el baño. Si ves que el gato en ese momento no tiene una actitud adecuada y está excitado o nervioso, no te plantees el baño. Todo ha de ser tranquilo y relajante para los dos.

Prepara todo lo que creas que vas a necesitar con antelación, para no tener que dejar solo al animal una vez comenzado el proceso. Busca un recipiente donde puedas bañar al gato, ten a mano, su champú, sus peines, toallas y demás utensilios.

Llena el recipiente con agua templada, unos 30º más o menos, hasta que cubra unos 10 / 12 cms de profundidad.  Si vas a bañarlo bajo el grifo deja correr con antelación el agua para que el gato se acostumbre al sonido antes de ser mojado. Procura no usar la ducha, ya que sus múltiples chorros no suelen ser de su a grado.

Coloca en el fondo del recipiente una toalla para que no se resbale. El fondo de las bañeras o pilas suele estar pulido, lo que pone nervioso al gato al no poder asirse a nada, una toalla en el fondo del recipiente le permitirá sentir la sensación de que puede clavar sus uñas en algo y aumentará la seguridad del animal. Deja que el gato encuentre la postura más cómoda para él, algunos prefieren estar de pie sobre el borde del recipiente, otros se sienten cómodos con las cuatro patas bien estables en la toalla del fondo… será tu gato el que decida. Mientras tanto tú estarás sujetándolo firme pero delicadamente hablándole con tranquilidad y cariño.

Y comienza el baño propiamente dicho. Humedece con delicadeza el cuerpo de tu gato, teniendo especial cuidado en la zona de la cara. Evitaremos que el agua y el jabón  penetren por orejas, ojos y nariz. Tomamos nuestro champú de elección, por supuesto, específico para gatos, y comenzamos a masajear y acariciar todo el cuerpo de nuestro compañero. Iniciamos el recorrido en  la zona del cuello y seguimos hasta la cola, siguiendo la dirección del crecimiento del pelo, aseamos el cuerpo, el rabito, el vientre y las patitas, la cabeza la dejaremos para el final. Unos cinco minutos masajeando y mimando al minino suele ser tiempo suficiente para garantizar una higiene correcta. Todo el proceso lo hacemos con mucho cariño, hablando con él y jugando y acariciando, como si el hecho de estar en una bañera completamente calado y enjabonado no tuviera importancia. Está contigo y está disfrutando.

Una vez finalizado el lavado comenzamos a retirar el jabón del cuerpo con delicadeza. Es importante asegurarnos de que se retira toda la espuma, pero hemos de hacerlo despacio, con toques de agua suaves y sin grandes chorros que asusten al animal, y, por supuesto, siempre controlando la temperatura del agua. La cabeza y cara la aseamos con agua clara y limpia, sin jabones.

Una vez limpio comienza la fase del secado. No debemos dejar a nuestro gato mojado a no ser que la alta temperatura ambiental  nos lo permita. Cuando nos hemos asegurado que toda el agua sobrante ha escurrido perfectamente, tomamos y envolvemos a nuestro gato en una toalla y nos trasladamos a un lugar cálido y tranquilo, donde ya tendremos preparados los utensilios del secado.

Cuando la toalla se encuentre húmeda la cambiaremos por otra seca para continuar el proceso que se prolongará hasta que el gato pase de estar mojado a estar solamente algo húmedo. Al igual que hemos hecho durante el lavado, el secado ha de ser otra sesión de caricias y masaje. Frotamos su cuerpo con delicadeza, sin apretar ni escurrir, en movimientos circulares y continuamos tranquilizando al animal con nuestra voz. A algunos gatos les gusta que las toallas del secado estén previamente templadas, por lo que puedes calentarlas en un radiador antes de su uso. Cuidado con el microondas, las queremos calientes, pero con moderación.

Si nuestro gato es de pelo corto él mismo podrá terminar su aseo en un lugar cálido, tranquilo y lejos de corrientes de aire. Si, por el contrario, su pelo es largo tenemos que peinar y cepillar su manto para dejarlo impecable. El pelo es más fácil de peinar si se encuentra algo húmedo, por lo que aprovechamos ahora para trabajar con los cepillos hasta que esté completamente seco.

No es buena idea utilizar al secador de pelo la primera vez que bañamos al gato, ya que su sonido y su chorro de aire fuerte puede asustarlos. Para que el gato lo acepte de buen grado hemos de haberlo acostumbrado al electrodoméstico con anterioridad. Si vamos a usarlo, tenemos que recordar su sensibilidad dérmica. El chorro de aire no ha de ser demasiado caliente y no hemos de acercar demasiado el secador al gato.

Y una vez terminada la sesión de spa felino ¿Qué puede quedarnos? Pues claramente, ¡una buena recompensa! Si quieres que tu gato esté dispuesto a repetir le experiencia has de otorgarle su premio favorito. Golosinas, juegos, caricias, besos… cada minino es diferente, pero tú conoces bien al tuyo y sabes qué es lo que le hace vencer la reticencia.

María Jesús Sánchez González

María Jesús Sánchez González es terapeuta felina en Valladolid. Aborda casos de problemas de comportamiento con flores de Bach.

Website: www.comportamientofelino.es

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Comportamiento Felino

Comportamiento Felino es una iniciativa de María Jesús Sánchez González.