María Zambrano y sus gatos.

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María Zambrano Alarcón (Vélez-Málaga, Málaga, 22/04/1904; Madrid, 06/02/1991). Filósofa y escritora española conocida por su fuerte compromiso político y su valiente defensa de sus ideales, lo que le valió el exilio de su patria al finalizar la Guerra Civil. Gran defensora de la democracia, la republica y….los gatos. Hubo de esperar hasta el último cuarto del siglo XX para ver su obra reconocida debidamente con el Premio Príncipe de Asturias en 1981, y el Premio Cervantes  en 1988.

Tras pasar por países como Francia, Estados Unidos, Cuba, México o Puerto Rico, se instala en Roma junto con su inseparable hermana Araceli. Dicen los historiadores que a pesar de su largo peregrinaje por ambos continentes, en su viajar siempre le acompañaban los gatos, a los que nunca abandonó. Durante los 11 años que vivió en Roma llegó a reunir en su casa la no despreciable cantidad de 70 gatos, superando con creces los 57 de Hemingway, amante también de los felinos. Gatos comunes, romanos, que representaban a los ojos de la escritora la personificación de sus ideales, la libertad de espíritu, la independencia, pero siempre desde el respeto y la integridad tan propios de un gato. Desgraciadamente su pasión felina no pasó desapercibida y, en 1964 hubo de abandonar una vez más su hogar por la denuncia de un vecino airado que, sin duda, odiaba a los gatos. Las quejas obligaron a María a marcharse con sus 13 gatos en busca de un refugio menos urbano donde ella y sus mininos no molestasen con sus maullidos, sus arañazos y su mera presencia, en busca de esa libertad que parecía negárseles una y otra vez.  Fue entonces cuando  se trasladó a Suiza, de nuevo acompañada de sus gatos y de Araceli, con el único objetivo de encontrar la paz que tanto adoran los felinos. Home Security Tips and buying guides Home Security Tips and buying guides

Cuando España comenzó a sentir los aires de libertad entre sus gentes, libertad felina, volvió a España donde ya permaneció hasta su muerte. Por supuesto sus gatos viajaron con ella una vez más, Rita, Tigra, Blanquita, Lucía y Pelusa, entre otras y otros, acompañaron a María hasta el fin de sus días, cuando nos dejó a los 87 años de edad.  Enterrada en su pueblo natal Vélez-Málaga hoy su tumba, entre un naranjo y un limonero,  es, sin quererlo, un homenaje póstumo a sus queridos y fieles gatos.

Así, si alguien visita el cementerio de la localidad no dudará en ubicar tan honorable tumba, ya que ésta siempre se encuentra custodiada por decenas de gatos. Gatos que no deambulan por el gran cementerio, sino que, cautos y silenciosos, homenajean a la escritora. Los gatos, libres, inteligentes y respetuosos, ¿qué seres pueden rendir culto a quien luchó, sufrió exilio y defendió hasta el final lo que ellos representan? Los gatos, con su poderosa intuición son conocedores de los valores que guiaron a quien allí reposa y nacen y crecen junto a ella, recordando a cada visitante que ella los defendió en vida y ahora ellos, fieles, son los que velan su descanso.

El poeta cubano José Lezama escribía de su amiga María los siguientes versos:

Tiene los gatos frígidos

y los gatos térmicos,

aquellos fantasmas elásticos de Baudelaire

la miran tan despaciosamente

que María temerosa comienza a escribir

 

 

 

María Zambrano y sus gatos.

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