Más Allá de Gatos y Peces: Las Auténticas Mascotas que Acompañaron a los Romanos

📅 09/07/2026

Cuando pensamos en el Imperio Romano, solemos imaginar legiones, acueductos y banquetes. Sin embargo, la vida cotidiana de sus ciudadanos también incluía una estrecha relación con los animales, aunque no siempre con los que hoy consideraríamos compañeros habituales. Un artículo publicado en la edición de septiembre de 2019 de Historia National Geographic España ya desmontaba el mito: ni los gatos —considerados animales sagrados en Egipto pero prácticamente ausentes en los hogares romanos— ni los peces —más bien elementos decorativos en estanques que auténticas mascotas— ocupaban el lugar central en el corazón de los romanos.

En la antigua Roma, la convivencia con los animales estaba profundamente marcada por la utilidad, el estatus social y el simbolismo. Los animales no solo desempeñaban funciones prácticas como la caza, la guarda o el control de plagas, sino que también eran parte del lujo y la ostentación de las élites. A continuación, exploramos cuáles eran las criaturas que realmente compartían el día a día con los romanos y por qué ocupaban un lugar tan especial en su cultura.

Los Perros: Los Compañeros Más Fieles y Versátiles

De todos los animales, el perro era sin duda el más apreciado como mascota. No obstante, su función iba mucho más allá del simple acompañamiento. Los perros de caza, como los molosos (antepasados de los mastines), eran criados para proteger propiedades y acompañar en batidas. Los galgos, por su parte, eran símbolo de elegancia y se utilizaban en la caza de liebres. Las familias más pudientes incluso encargaban retratos de sus perros en mosaicos y frescos, una muestra del afecto que les profesaban.

Para quienes deseen profundizar en la historia de estas razas, existen excelentes libros sobre razas caninas históricas que recogen cómo evolucionó su relación con los humanos desde la Antigüedad.

Aves Exóticas y Cantoras: El Lujo de las Plumas

Las aves ocupaban un lugar destacado en los hogares romanos, especialmente entre las clases altas. Los ruiseñores eran adiestrados para imitar melodías, mientras que los cuervos y urracas aprendían a hablar, lo que causaba gran asombro y entretenimiento. Plinio el Viejo ya relataba casos de cuervos capaces de pronunciar frases completas. También eran comunes los pavos reales, criados no solo por su belleza sino como símbolo de estatus —su carne era considerada un manjar—, y las palomas, que además de mensajeras se utilizaban como mascotas decorativas en jardines.

"En Roma, el canto de un ruiseñor bien entrenado podía alcanzar precios desorbitados. Algunos senadores llegaban a pagar más por un pájaro que por un esclavo joven." — Recopilación de fuentes clásicas.

Para los interesados en la cría de aves ornamentales, hoy en día se pueden encontrar jaulas y accesorios modernos que facilitan su cuidado, aunque la experiencia de tener un pájaro parlante sigue siendo tan fascinante como en la antigua Roma.

Hurones y Serpientes: Los Inesperados Controladores de Plagas

Los hurones eran muy valorados en las villas romanas por su habilidad para cazar conejos y topillos. Se les consideraba aliados imprescindibles en la agricultura, ya que evitaban que las cosechas fueran devoradas. Aunque no eran mascotas de compañía en el sentido actual, vivían cerca de los humanos y se les cuidaba con esmero.

Las serpientes, por otro lado, tenían un papel simbólico y práctico. Se criaban en los templos dedicados a Esculapio (dios de la medicina), y también en algunas casas para ahuyentar roedores. Sin embargo, la mayoría de los romanos sentía un respeto mezclado con temor hacia estos reptiles, aunque ciertas familias patricias las mantenían como excentricidad.

Hoy en día, quien quiera conocer más sobre estos animales puede consultar guías completas sobre cuidados de hurones o incluso terrarios para reptiles, una afición que conecta directamente con la herencia romana.

Monos y Animales Exóticos: El Capricho de los Poderosos

Las élites romanas, especialmente durante el Imperio, sentían fascinación por los animales procedentes de los confines del mundo conocido. Los monos, traídos de África y Asia, eran considerados curiosidades vivientes. Se les vestía con ropas humanas y se les enseñaba a realizar trucos, aunque su mantenimiento era complicado y a menudo terminaban enjaulados. También llegaron leones y panteras, pero estos eran destinados a los juegos del circo más que a la vida doméstica.

Los caballos, aunque no eran mascotas en el sentido estricto, recibían un trato casi familiar por parte de sus dueños. Los caballos de carreras, sobre todo, eran venerados como auténticos héroes populares, y se les dedicaban estatuas y poemas.

El Rol de los Animales en la Vida Cotidiana Romana

Más allá de la compañía, los animales cumplían funciones esenciales que hoy asociaríamos a herramientas o máquinas. Los asnos y bueyes eran la fuerza de trabajo en el campo, mientras que las cabras proporcionaban leche y cuero. Sin embargo, cuando un animal mostraba docilidad o inteligencia, era común que se le integrara en la vida familiar. El poeta Marcial menciona a su perrita Issa, que dormía en su regazo, y Ovidio escribe sobre su loro parlante.

Esta dualidad —utilidad y afecto— define la relación de los romanos con el mundo animal. Los gatos, que sí existían, solían vivir en los graneros y apenas interactuaban con las personas; los peces, por su parte, eran admirados en piscinas ornamentales, pero nadie los acariciaba ni les ponía nombre. Fueron los perros, las aves y algunos pequeños mamíferos quienes realmente ocuparon el lugar de "mascotas" en el sentido emocional.

Más Allá de Gatos y Peces: Las Auténticas Mascotas que Acompañaron a los Romanos

Contenido original en https://historia.nationalgeographic.com.es/edicion-impresa/articulos/ni-gatos-ni-peces-estas-eran-mascotas-preferidas-romanos_26126

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