¿Lamido felino? No siempre es una muestra de afecto: la ciencia revela que también puede ser una señal de conflicto encubierto
Durante años, los dueños de gatos han interpretado el acicalamiento mutuo —esa escena en la que dos felinos se lamen con parsimonia— como la expresión más pura de cariño y confianza. Sin embargo, un equipo de investigadores de la Universidad de Lieja (Bélgica) acaba de publicar un trabajo que pone en entredicho esta creencia tan extendida. Según sus observaciones, el lamido entre gatos no siempre indica amistad; en determinados contextos puede ser una señal de tensión, un gesto de apaciguamiento o incluso una advertencia apenas disimulada.
El estudio, realizado sobre una colonia de gatos semidomésticos durante más de 200 horas de grabación, analizó minuciosamente las interacciones sociales. Los científicos descubrieron que hasta un 30 % de los episodios de acicalamiento iban seguidos de comportamientos agresivos o de evitación, lo que sugiere que el lamido puede funcionar como un mecanismo para resolver conflictos sin llegar al enfrentamiento físico. En lugar de ser un gesto puramente altruista, a veces es una estrategia de control social.
La función oculta del lamido: más allá del cariño
El acicalamiento mutuo, conocido en etología como allogrooming, se ha descrito tradicionalmente como una conducta que fortalece los vínculos sociales, reduce el estrés y mantiene la higiene del pelaje. Sin embargo, los investigadores belgas han identificado tres tipos distintos de lamido según el contexto y la respuesta del receptor:
- Lamido afectuoso y relajado: se produce cuando ambos gatos están tranquilos, con las orejas erguidas y los bigotes hacia delante. El que recibe el lamido suele cerrar los ojos o ronronear. Es el que todos conocemos y asociamos con el cariño.
- Lamido de apaciguamiento o sumisión: sucede cuando un gato dominante se acerca a otro que muestra signos de tensión (orejas hacia atrás, cola erizada o mirada fija). El lamido aquí actúa como un "calmante" que evita una pelea. El gato que lame suele hacerlo en zonas sensibles como la nuca o la cabeza, y el receptor permanece inmóvil.
- Lamido de advertencia encubierta: el más sorprendente. En este caso, el gato lame de forma rápida e insistente, a menudo interrumpiendo el movimiento de la cabeza del otro. Aunque parece un gesto amistoso, va acompañado de una postura corporal rígida y, a veces, de un leve bufido. Es una forma de decir "aléjate sin que tenga que atacarte".
“El lamido no es un lenguaje universal del afecto felino. Depende del contexto, la jerarquía y el estado emocional de cada animal. Asumir que siempre es positivo puede llevar a malinterpretar señales de estrés o conflicto”, advierte la Dra. Sophie Laurent, coautora del estudio.
¿Cómo distinguir un lamido cariñoso de uno conflictivo?
Para los dueños de gatos, diferenciar entre estas intenciones puede ser complicado, pero los investigadores ofrecen algunas claves prácticas basadas en el lenguaje corporal:
- Observa la duración y la intensidad: los lamidos afectuosos son largos, suaves y rítmicos. Los lamidos de advertencia son cortos, rápidos y casi nerviosos.
- Fíjate en la dirección del lamido: cuando un gato lame en zonas que el otro no puede alcanzar (como la nuca o la base de la cola), suele tratarse de un gesto de cuidado. Si lame repetidamente en la cabeza o el hocico del otro, puede ser una señal de dominancia o tensión.
- Analiza la reacción del gato que recibe el lamido: si permanece relajado, con los ojos entornados y ronronea, es afecto. Si se queda tieso, aplana las orejas o se aparta lentamente, es probable que el lamido le incomode o le esté enviando un mensaje de advertencia.
- Contexto social: si los dos gatos suelen dormir juntos y compartir recursos, probablemente el lamido sea amistoso. Si hay competencia por la comida, el territorio o la atención del dueño, el lamido puede ser una herramienta de negociación jerárquica.
Implicaciones para la convivencia con nuestros gatos
Este hallazgo tiene consecuencias directas para quienes conviven con más de un felino. Muchos dueños interpretan el lamido como una prueba de que los gatos se llevan bien, cuando en realidad podría estar ocultando una relación tensa. Ignorar estas señales puede derivar en estrés crónico, peleas silenciosas o incluso problemas de salud como la dermatitis por lamido excesivo.
Para fomentar una convivencia armoniosa, los especialistas recomiendan:
- Proporcionar múltiples puntos de agua, comida y areneros para evitar la competencia.
- Ofrecer espacios elevados y escondites para que cada gato pueda retirarse cuando lo necesite.
- Observar las interacciones sin intervenir a menos que haya agresión abierta. A veces, un lamido tenso es parte de un ritual de establecimiento de jerarquía que se resuelve solo.
- Enriquecer el ambiente con rascadores, juguetes interactivos y zonas de descanso separadas. Un entorno estimulante reduce la probabilidad de conflictos encubiertos.
Para facilitar el cuidado del pelaje y reducir la tensión durante el acicalamiento, puedes considerar un cepillo suave para gatos que imite la sensación del lamido materno, o un difusor de feromonas calmantes que ayude a crear un ambiente más relajado en hogares con varios felinos. También es útil contar con un rascador alto y resistente que permita a cada gato marcar su territorio de forma pacífica.
El lenguaje silencioso de los felinos
El estudio belga nos recuerda que los gatos son animales mucho más complejos de lo que a veces creemos. Su comunicación va más allá de maullidos y ronroneos; incluye gestos sutiles que, malinterpretados, pueden llevar a conflictos no resueltos. El lamido no es ni bueno ni malo por sí mismo: es una herramienta social que los gatos utilizan según sus necesidades. Como dueños, nuestra responsabilidad es aprender a leer esas señales para ofrecerles un entorno donde puedan expresarse sin ambigüedades.
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